Almas Silenciosas - Capítulo 09. A Fool’s Only Tears

ALMAS SILENCIOSAS

ESSENCES

 

Capítulo 09. A Fool’s Only Tears


Nota: Sólo las Lágrimas de un Tonto



« Enamorarse puede ser el mejor regalo para una persona, no obstante, para mí, siempre fue un martirio, uno a uno, siempre desaparecen de una u otra forma. Para mí, es una maldición constante. »



Levanto la mirada en cuanto estuvo frente al hospital. Ese día Hiroshi saldría del hospital y no tenía idea donde iba a vivir, si bien dejó correr los días pensando en una solución para no permitir que vivieran ambos bajo el mismo hogar, Tatsuya no logró hacerlo por diversos factores.

—¿Qué voy a hacer contigo? —, susurró melancólico. Tampoco era tan frío para dejarle a su suerte. Tatsuya Katsumoto no era un canalla como aquel hombre. Suspiró resignado, tendría que dejarle vivir en su casa hasta encontrar una solución a ese gran problema.

—Sabes que no estás solo, ¿verdad Tatsuya? —, el mencionado volteó al instante, sorprendido de escuchar a Yukio justo detrás de él. El rubio multicolor se mostró sonriente, tratando de infundirle la confianza que necesitaba.

—¿Qué haces aquí? —cuestionó el castaño. Había estado distraído pensando en alguna solución que no sintió la llegada de Yukio.

—Me imagine que no querías estar a solas con tu hermano y decidí hacerte compañía, —Yukio se mostró como solía ser común en él, tranquilo y calmado, aunque la verdad es que era todo lo contrario a la realidad cuando tenía a Tatsuya frente a él.

—No la necesito… —empezó el castaño, no obstante, pensó que estaba siendo injusto con una persona que se estaba esforzando en prestarle ayuda, —… pero gracias —agregó fingiendo desinterés no volteando a verle.

Yukio sonrió. Tatsuya era tan infantil a pesar de su apariencia. —Vamos, no podemos hacerle esperar—, finalizó y comenzó a caminar hacia las puertas del hospital.

Tatsuya asintió con una ligera sonrisa en su rostro pues se sintió agradecido por su compañía. Bastante tiempo solo, hasta que conoció a Tooru, no obstante, éste también le traicionó. Solo esperaba que este trío de chicos no le hicieran lo mismo.

Dejando sus pensamientos de lado, tanto Tatsuya como Yukio se dirigieron hasta la habitación de Hiroshi. El camino lo hicieron en un silencio que tranquilizaba a Tatsuya. Llegaron a la puerta, un breve golpe, solo para avisar de su llegada y se dispusieron a entrar al cuarto.

Sentado sobre la cama, con su ropa puesta pero con el semblante destrozado y la cabeza inclinada, se encontraba Hiroshi Inao, su hermano gemelo. Verle de esa manera le recordaba los años que él estuvo en esa misma situación. —¿Estás listo Hiroshi? —pregunto Tatsuya una vez tuvo ambos pies dentro del lugar. Serio, con emociones encontradas, a pesar de todo lo que le venía preocupando, la sola presencia de Hiroshi empezó a hacer estragos los pensamientos que por tanto tiempo cargó hacia él. Perdonarle o no, solo el tiempo tendría la respuesta, pensaba.

Hiroshi levantó la cabeza al escucharle, suspiró resignado, ahora tendría que buscar un lugar donde vivir, —¿dónde me voy a quedar? —preguntó en un susurro de tristeza y de vergüenza ante el hombre que más había lastimado en su corta vida.

—En mi casa, solo mientras te recuperas por completo—, comentó Tatsuya, era lo único que podía hacer por él, darle un hogar mientras se recuperaba y encontraba un trabajo para mantenerse.

Hiroshi se sorprendió al escucharle, pero el arrepentimiento estaba más allá que cualquier cosa, por lo cual, no evitó negar su ayuda, —sabes que no puedo…

—Calla y por una vez en tu vida me harás caso, —interrumpió Tatsuya fastidiado de lidiar tanto con el mismo tema, aunque solo lo habían tocado dos veces en esos días que Hiroshi tenía hospitalizado, —sabes que no me siento contento por hacerlo pero tampoco soy un canalla como todos… — y guardó silencio, prefirió no tocar más el tema, ya no le veía sentido alguno, además del pequeño gran detalle que en ese momento estaba presente Yukio.

Hiroshi agachó nuevamente el rostro, —comprendo, entonces vamos que estoy listo—, se levantó de la cama y tomó su pequeña mochila que le acompañaba desde su llegada. Verdaderamente comprendía a su hermano, nunca se había preocupado por él, es más, siempre le hizo la vida imposible al igual que sus padres.

«Tatsuya me tendrá que explicar porque tanto rencor hacia su hermano, quiera o no». Pensó Yukio tratando de mantener la paciencia. Solo observando a ambos salir de la habitación y quedarse parados en el pasillo. Tal vez esperando que alguien los incitara a continuar, tal vez queriendo romper este momento que a ambos incomodaba.

Suspiró para mantenerse tranquilo, —que tensión, —susurró empezando su camino fuera de la habitación. Se detuvo un momento al verles parados todavía y con el seño fruncido les habló, —vamos Hiroshi, Tatsuya —les indicó para que empezaran a caminar.

El primero en moverse fue Tatsuya quien de inmediato llegó a lado de Yukio quien sonrió y con palabras de apoyo le demostró su gran cariño hacia él, —si me permites, no te dejaré solo con él —dijo caminando sin esperar una respuesta de su parte.

—Gracias Yukio —sonrió Tatsuya. Ese chico le cansaba cuando insistía en que le contara su vida pero a cambio de ese detalle, siempre estaba cuando más le necesitaba. Siempre estaba a su lado en esas semanas que llevaba en Tokio.

Hiroshi empezó a caminar tras ellos. La tristeza carcomía su alma y mente reflejándose en su vidriosa mirada. Tendría que hacer algo para remediar todo el daño que había hecho, era una promesa. Encontraría la forma, pero tenía que pensar en cómo satisfacer aquel sentimiento de abandono que por tantos años había cargado en su espalda, —Tatsu-chan, perdóname por favor —susurró para sí mismo.


1


Días habían pasado desde que salió al centro comercial con Tatsuya. Desde entonces, solo platicaba con él dentro de la escuela pues el resto del día se la pasaba en la biblioteca o en su habitación por la simple razón de que ni Tatsuya, Kiyoshi y Yukio le habían prestado mucha atención. Esta situación se hacía más frecuente conforme pasaba el tiempo y empezaba a cansarse de ello.

Ese día era un ejemplo, cuando más necesitaba a Yukio, este se había ido empezando la mañana sin avisar a donde iría. Suspiró frustrado, cansado de todo esto que había empezado desde la llegada de Tatsuya, aunque éste no tuviera la culpa.

—Ahora dónde se metió —, suspiró frustrado al sentarse en el sillón. Se restregó el rostro con ambas manos. A veces se preguntaba si era una molestia para ambos. Negó lentamente con la cabeza, no podía pensar así, era una completa injusticia hacia sus amigos.

Kiyoshi, que llegaba de comprar algunos objetos para su aseo personal, le observó al instante de cerrar la puerta en esa posición. Frunció el seño pues verle de esa manera no era común. —¿Qué pasa Etsuya?

El castaño levanto el rostro con la mirada preocupada, —¿Sabes por qué Yukio sale tanto sin avisar? —pregunto en un susurro.

—Que yo sepa, Yukio es bastante grande para andarte avisando —mencionó ignorando la preocupación del chico, Kiyoshi pensaba que era otro ataque de celos por lo que su molestia se hizo presente.

—Eres insoportable, —suspiró Etsuya malhumorado, —y no es eso, es que… se ha comportado extraño.

—¿Te refieres a su actitud? — Etsuya asintió a sus palabras, —no tengo idea de que pasa pero ya sabrá cómo resolver sus problemas, —se dirigió al cuarto de baño para empezar a colocar sus cosas en el lugar indicado.

Etsuya se molestó ante tal situación y con una actitud que difícilmente Kiyoshi le viera en esos años que llevaban viviendo juntos, le empezó a reclamar su indiferencia siguiéndole y alzando la voz.

—¡¿Cómo puedes ser tan insensible Kiyoshi?! Yukio podría estar sufriendo y sales con esas cosas…

—¡Deja de hacer escándalo! —Gritó Kiyoshi golpeando en el lavamanos, acción que asustó al castaño haciendo que retrocediera un paso, —por una vez Etsuya… deja de meterte donde no te llaman—, salió del baño y del departamento, no podía quedarse más tiempo sino quería empeorar la situación.

Etsuya se quedó parado en ese mismo lugar, paralizado por la situación vivida, tanto que no sintió la salida de Kiyoshi hasta que la puerta principal se cerró de golpe. En ese momento su castaña mirada empezó a cristalizarse.

Hace unos minutos lo había pensado, Kiyoshi solo le confirmó, su presencia no era necesaria, su preocupación tampoco. De acuerdo, a veces se metía demasiado en sus problemas pero era por cuidar de ellos. Nunca tuvo la intención de ser un estorbo en la vida de ambos rubios.

Las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas. El dolor de su pecho empezó a crecer sintiendo la necesidad de huir. Con paso tembloroso se dirigió a su habitación, cerró con seguro y se echó sobre el colchón. Silencioso, sin hacer escándalo, no podía volver a hacerlo si quería evitar problemas.

—Una molestia, —una risa amarga salió de sus labios, —¿así piensan ambos? —, se preguntó con su castaña mirada convertida en un rio de lágrimas. Suspiró cerrando su hermosa vista. Quería desaparecer, al menos lo lograría si se quedaba dormido.


2


Caminaba desesperado, jalando parte de su cabellera por la vergüenza, la impotencia pero sobre todo por el arrepentimiento de lo sucedido en el departamento. Se había pasado, lo sabía de antemano aunque hubiera dicho la verdad.

—Creo que exageré—, Kiyoshi se sentía frustrado sin saber qué hacer. Ahora lo único que venía a su mente era estar con Tatsuya, tal vez, el chico pudiera calmar su ansiedad. Así pensaría mejor en solucionar el problema.

«¿Qué pasó? No acostumbro a gritarle, normalmente siempre le digo cosas que le tranquilizan y deja de preguntar, pero ahora… » Suspiró derrotado. Ahora le había gritado e insultado. Lo mejor sería llamar por teléfono a alguien para pedir un consejo.

Moshi Moshi

—Tatsu-chan… necesito verte — susurró en un afligido tono en su voz.

¿Estás bien?

—No… solo deja que esté contigo… por favor —pidió Kiyoshi recargando su espalda contra la pared de una calle.

Te mando un mail para decirte donde nos vemos

—Gracias, —colgó y espero el mail. ¿Podría Tatsuya calmar su inquieta alma? Realmente no lo sabía pero él fue la primera persona que vino a su mente.

El timbre del mail le llegó justo en ese momento. Después de verlo, se dispuso a ir al lugar indicado.


3


Se quedó observando su celular después de haber mandado la dirección. La preocupación que sentía tras escuchar la voz de Kiyoshi tan afligida le extraño puesto que llevaba años sin tener ese sentimiento por una persona.

—¿Qué pasa? —le preguntó Yukio notando su distracción.

—Nada. —murmuró con tranquilidad. Guardó su celular en el bolsillo de su pantalón y sacó sus llaves para dárselas a Hiroshi,  —será mejor que subas rápido Hiroshi, Yukio… ¿te puedes quedar con él unos momentos? —preguntó.

Yukio asintió, —no hay problema, pero tienes muchas cosas que explicarme—, le recordó, Hiroshi rodó la vista tras aquella terca insistencia.

—Sabes que lo haré, pero todavía no es momento para eso, —aclaró con una sonrisa. Yukio lo interpretó como «ya lo sé, ahora déjame en paz», pero trató de no darle importancia. —Es el apartamento 401, piso 4. Gracias Yukio. —mencionó Tatsuya y salió ahora para encontrarse con Kiyoshi.

Yukio se quedó con una pequeña intranquilidad, aunque no sabía si era por quedarse solo con Hiroshi o por la llamada que había recibido Tatsuya, o tal vez por ambas situaciones.

—Esa llamada lo puso tenso —susurró Hiroshi mirando hacia la entrada del edificio. Yukio, interesado por el comentario del chico, volvió los ojos hacia él.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque a pesar de lo que digamos, seguimos siendo hermanos, —mencionó y emprendió la subida hasta el apartamento que había mencionado Tatsuya.

Yukio tras empezarlo a seguir, pensó que tenía la oportunidad de conocer algo más de la muralla llamada Tatsuya. —¿Puedo preguntarte algo? — Hiroshi asintió— ¿Por qué Tatsuya es tan reservado… tan frío, qué le pasó? —el silencio que vino después le indicó que aquellas respuestas que buscaba, solo iban a ser respondidas por el mismo Tatsuya, aunque tal vez nunca pudieran ser formuladas tan directamente al castaño de largos cabellos.

Al llegar frente al apartamento, Hiroshi volteó para poder responderle de frente, —discúlpame pero eso no puedo decírtelo, tendrás que esperar a que él confíe en ti. —Tomó asiento en el sofá una vez dentro, suspiró para volver, de nuevo, la vista hacia el rubio, —lo único que puedo decirte es que ha sufrido demasiado.

—Entiendo… —asintió manteniendo la boca cerrada. Ahora sentía más intriga que nunca sobre la vida de Tatsuya, sobre el trato contra Hiroshi que era su hermano y sobre su comportamiento tan frío.


4


Treinta minutos después de salir del apartamento, Tatsuya llegó a la cafetería en donde había quedado de verse con el rubio. Entró en el local, escaneó todo el lugar hasta que encontró en una mesa del fondo a Kiyoshi.
—Qué te pasa Kiyoshi? Traes una cara… —murmuró cuando se acercó con su tranquilidad de siempre. Cuando el mesero se acercó solo pidió una taza de café.

—Perdona por hablarte de esa manera, seguro estabas haciendo algo importante —susurró Kiyoshi con la cara invadida por la impotencia de no saber qué hacer para solucionar su problema con Etsuya.

—Te escuchas triste—, Tatsuya se había dado cuenta de su estado emocional de su acompañante desde el momento en que le escuchó por teléfono.

—¿Qué le dices a una persona que se preocupa por ti? —susurró melancólico. Nunca le había hablado a Etsuya como lo había hecho hace unos minutos.

Tatsuya levanto una ceja extrañado con la pregunta. En realidad no tenía que pensarlo mucho, nadie se preocupaba por él desde su niñez, —no creo ser la mejor persona para contestar eso, —le respondió con sinceridad, —le diría que se metiera en sus propios asuntos —, dijo finalmente.

—Sí, eso le dije a Etsuya… lo tomó a mal por supuesto pero…

—¿Siempre esta presionándote? —Tatsuya le interrumpió recibiendo una afirmación con la cabeza por parte de Kiyoshi.

—Siempre quiere saber qué ocurre con Yuki y conmigo. Tanta insistencia, día a día con cada pregunta que hace nos empieza a desesperar a ambos, hoy estallé, no pude controlarme… —relató lo sucedido, desde las palabras hasta el golpe que soltó, las lágrimas en el rostro de su amigo. Que arrepentido se sentía.

—Entiendo tu sentir, —suspiró Tatsuya pensando sus palabras, —¿no crees que solo se preocupa por ustedes? Digo, entiendo que pueda ser desesperante, a mi me pasa con Katoo pero si estás arrepentido, entonces discúlpate y pon las reglas del juego, —explicó el castaño quien fue recibido por un gesto de extrañeza por parte de su acompañante.

—¿Tú lo crees que eso solucione esto? —susurró Kiyoshi tras sus palabras. Tatsuya solo asintió sin contestar pero brindando una sonrisa a su acompañante que entonces si se quedó sin palabras.

—Creo que me han cambiado a mi Tat-chan… —murmuró el rubio tras recibir la primer sonrisa sincera del chico desde que le conoció. Tatsuya siempre lanzaba una sonrisa sarcástica y fingida, pero esta vez, aquella sonrisa le enamoró. Su rostro brillaba con naturalidad.

—Cállate tarado. No te vuelvo a ayudar. —se molestó Tatsuya sin saber la reacción que provocara las palabras de Kiyoshi, ciertamente era la primera vez que decía algo para reconfortar a alguien más que él mismo, pero no era para tanto drama, pensaba.

—Vamos a ver una película, ¿qué dices? —cerró Kiyoshi la plática, aunque su mente ya estaba tranquila después del incidente con Etsuya. Sin embargo, la imagen de la sonrisa de Tatsuya se quedó grabada.


5


—Ya tardó demasiado —, susurró Hiroshi sentado en el sofá, incómodo con la presencia de Yukio pero también por tener que permanecer en la casa de su hermano.

Yukio estaba pensativo, tratando de averiguar cómo saber de Tatsuya, ese chico era una caja de pandora porque cuanto más te acercabas a él, más sorpresas de su vida ibas revelando.

—Debió de tener un asunto importante que tratar, seguro que no tardará —mencionó el rubio que recargado de brazos en el respaldo del sofá, miraba atento el gran ventanal que iluminaba todo el salón.

En el otro sofá, Hiroshi miraba a Yukio, Tatsuya nunca había tenido amigos y todo se debía gracias a él, pero este rubio le intrigaba, no solo por verle a lado su hermano sino que, principalmente, se percibía la misma soledad rodeándolo.

El ruido de la puerta espabiló a ambos de sus pensamientos. Tatsuya acababa de llegar tres horas después de su salida. Hiroshi se dio cuenta que su hermano venía relajado y con un rostro distinto que cuando se fue.
—Ya llegaste Tatsuya —Yukio se levantó del sofá para dirigirse hacia el recién llegado.

—Perdón la tardanza Yukio. No esperé llevarte tanto tiempo —se disculpó Tatsuya quitándose su calzado.

—No te preocupes, aunque creo que ya me voy —, mencionó Yukio, quería llegar a casa pues había intentado localizar a Kiyoshi y Etsuya pero nadie le había contestado.

—Seguramente mamá Etsuya está muy preocupado por ti —dijo Tatsuya de manera intencional pero tratando de sonar indiferente.

Yukio extrañado se decidió a preguntar, —¿por qué lo dices? —, el rubio esperaba una respuesta más concreta, no obstante, lo primero que recibió fue que el castaño se encogiera de hombros.

—Deberías preguntarle si se encuentra bien, —se decidió Tatsuya a responder con su mirada sobre la vista del rubio. Yukio se dio cuenta que hablaba en serio, por lo que presuroso, se dirigió a la puerta no sin antes agradecerle.
—Gracias. Hasta luego, —se despidió otorgándoles una sonrisa y salió del departamento, mostrando un poco de apuro y tomando su celular del bolsillo derecho de su pantalón.

Hiroshi asintió con la cabeza en dirección del rubio, sin embargo, le intrigaba esa llamada ya que su hermano había llegado distinto y relajado, se veía en su forma de caminar, al hablar, incluso a Yukio lo había tratado menos cortante que hace unas horas.

—¿Pasó algo Tatsuya? —se atrevió a preguntar pero solo recibió la natural negativa de su hermano quien solo movió la cabeza a ambos lados completamente relajado. Hiroshi suspiró y cerró los ojos por un momento, —¿Dónde dormiré? —bueno, si la anterior no la quiso responder, esperaba que ahora la segunda si lo hiciera, pensaba.

Tatsuya entonces le observó, con su indiferencia característica. Hiroshi si que estaba haciendo un esfuerzo para recibir unas palabras de su parte. Suspiró encaminándose hacia el cuarto, pasando su puerta y la de Katoo, la tercera puerta fue la que abrió y señaló con un movimiento de cabeza a Hiroshi.

—Esta es tu habitación. Mañana hablaré con Katoo, tengo que decirle que te quedarás por un tiempo —le informó. Observó cuando Hiroshi entró en la habitación y volteaba a todos lados, como revisando la habitación.

Hiroshi se volvió hacia Tatsuya con una ligera sonrisa, feliz y triste al mismo tiempo, —gracias, espero recuperarme pronto y borrarme de tu vista—, fueron sus palabras, tal vez sin intención de herir, pero vamos, su hermano a cada minuto que pasaba lo hacía con cada gesto que salía de su parte. Sabía que lo merecía y que ese era su castigo por hacerle tanto daño a su sangre, a su otra mitad, pero así como Tatsuya había sido herido, él también lo había hecho.

Tatsuya, que estaba recargado en el marco de la puerta, le observó atento. Claro que percibió la tristeza, la amargura y el dolor por su trato, pero es que no podía olvidar.

—Hiroshi, —le llamó para después entrar en un silencio momentáneo que logró sacar un suspiro de sus labios, —debes ser consciente del daño que me hicieron. Mi padre casi me mata la última vez y mi madre nunca me quiso, para ambos ellos, siempre eras tú y nadie más. No conozco la palabra disculpa, arrepentimiento o amor, solo conozco lo que Katoo ha hecho por mí. Es cierto que eres mi hermano, pero no esperes más de mí, porque ya hice suficiente —, con esto, Tatsuya se giro para ir a su habitación.

Hiroshi suspiró, una y otra vez sin conseguir tranquilizar a su corazón. Su rostro se contrajo por lo que tuvo que sentarse en la cama. Sus manos se fueron a sus ojos que empezaban a llenarse de agua debido al llanto que comenzaba a llenarlo. Ira hacía sus padres, dolor por su vida, tristeza y arrepentimiento por todo lo hecho a su hermano, pero ya no había vuelta atrás, el daño provocado a Tatsuya, nadie lo podía remediar, así como sus propias heridas internas.


6


Kiyoshi había llegado al departamento con intención de hablar con Etsuya, pero cuando abrió la puerta de entrada, solo encontró silencio. Frunció el entrecejo por un momento y dirigió sus pasos hacia la habitación del castaño. Giró la perilla pero entonces se dio cuenta que estaba cerrada desde adentro.

Suspiró siendo consciente de la reacción justificada de su amigo. —¿Etsuya? — susurró con baja voz. —Discúlpame—, pidió con el arrepentimiento instalado en su ser. Al no recibir respuesta, Kiyoshi cerró los ojos, recargó la frente en la puerta y se maldijo por su comportamiento.

—Así no te va a escuchar, —escuchó a Yukio. Volteó solo para observarle recargado sobre su espalda en la pared y con la mano extendida con una llave en ella. —Si te vas a disculpar, hazlo pasando la puerta, Etsuya es demasiado sensible, —susurró dejando la llave en su mano y dando vuelta dirigiéndose a la cocina.

Kiyoshi sonrió, murmurando un gracias en apenas un susurro de voz. Apretó la llave en su mano, cerró los ojos y suspiró dándose valentía. —Aquí voy, —, se decidió a abrir la puerta encontrando la habitación oscura y fría. Se acercó a la cama.

Pudo observar que Etsuya estaba sin cubrirse y aún con la ropa puesta. Se puso arrodillo en el suelo, al borde de la cama. La tristeza lo embargó al ver las lágrimas secas de su querido amigo sobre sus mejillas. Acercó una mano para acariciar suave una de ellas.

—Perdóname, no lo dije con intención de querer lastimarte, solo… —se detuvo un momento, sin saber cómo decirlo, —solo quiero que entiendas que no siempre está en nuestras manos ayudar a la gente. —, murmuró tratando de explicarse mejor que hace un rato cuando explotó en contra de Etsuya.

Sabiendo que no lo escucharía, le acarició una vez más la mejilla y la cabeza. Se levantó y finalmente, con una última mirada desde la entrada, dejó la habitación volviendo a cerrar la puerta, esta vez, sin el seguro.

Etsuya por su parte, mostró una ligera sonrisa al tiempo que abría los ojos. Había escuchado a Kiyoshi desde que entró a la habitación, seguramente esa había sido idea de Yukio. Su corazón había saltado cuando le sintió, cuando se disculpó. Claro, él no podía enojarse con el rubio, lo quería demasiado.

Posiblemente Kiyoshi tuviera razón, no debería entrometerse en los asuntos de Yukio, pero si tenía la sospecha de que su problema era Tatsuya. Era consciente de que tenía que mantener las distancias pero él también tenía mucha curiosidad sobre Tatsuya.


7


Yukio, que había estado en la cocina desde hace unos minutos tomando una bebida, sintió la presencia de Kiyoshi al entrar, arrastrar la silla y sentarse frente a la mesa. Suspiró buscando las palabras correctas para no tener problemas con su amigo.

Se volvió de frente a Kiyoshi, realmente no sabía que pensar, vamos, ni siquiera era consciente del problema. Suspiró, —¿qué pasó? —fue lo único que pudo mencionar.

Kiyoshi levantó la vista hacia su rubio y multicolor amigo, —perdóname por traerte este problema—, comenzó diciendo, —Etsuya estaba demasiado insistente en que te vez extraño últimamente, también estoy preocupado pero él empezó a criticarme que no me preocupaba por ti, me hizo enojar y le dije que no se metiera en asuntos ajenos. Le grité y fui algo violento—, terminó relatando lo sucedido con la vista en la mesa y aunque no lo estaba viendo, sabía que Yukio estaba tenso.

—¿Le pegaste? —susurró intentando mantener el control, no quería provocar un nuevo pleito.

—Fue al lavamanos —, Kiyoshi tenía la certeza que Yukio quería evitar un nuevo pleito pero con su reacción, no lo culparía si quisiera golpearle por estúpido.

Yukio suspiró pasándose su mano derecha por el rostro, —Kiyoshi, agradezco su preocupación y el que hayas intentado interceder por mí con Etsuya pero tienes que dejar esas reacciones violentas. Etsuya es demasiado sensible y no voy a permitir que eso vuelva a pasar, —le dijo serio, no iba a permitir que eso volviera a suceder y mas sabiendo los sentimientos que Etsuya trataba de esconder hacia Kiyoshi.

—Será mejor que vayamos a dormir, ha sido un día muy largo—, Yukio dejó su taza y salió hacia su habitación tras desearle las buenas noches a Kiyoshi que se quedó sentado, enojado consigo mismo y apretando las manos.


8


Habían pasado unas horas desde que dejó a Hiroshi en la otra habitación. Después del llanto que escuchó de su hermano, ahora toda la casa estaba en silencio. Tatsuya por su parte, se encontraba con varias latas de cerveza alrededor de él, esparcidas sobre la cama.

Sentado sobre ella, recargado junto a su ventana, pensaba de nuevo en su vida, aún a su edad, todavía no era capaz de hallar la razón por la que sus padres lo odiaran tanto. Cada que rememoraba el pasado, un estallido de odio y rabia saltaba en su cuerpo, pero esta vez, posiblemente por la presencia de Hiroshi, o pudiera ser porque no tenía fuerzas, pero esa explosión no se apareció. Tan solo una profunda tristeza y un excesivo cansancio.

Suspiró y se recostó sin importarle más todas las latas que había sobre su cama en ese momento. Tan solo cerró los ojos, tratando de dormir, tratando de olvidar. Queriendo desaparecer para siempre el constante dolor de su corazón.


9


El sol golpeaba sus ojos con fuerza provocando que, molesto, girara su cuerpo lejos de los rayos de luz golpeando en el proceso, un objeto sobre su cama que provocó el fuerte ruido del choque contra el suelo.

Murmuró fastidiado por el dolor de cabeza que sentía sumado al cansancio, —maldición—, refunfuñó sentándose sobre la cama, bostezó, estiró un poco su cuerpo y finalmente se dio cuenta del desastre de su habitación, —genial, ahora habrá que limpiar—, murmuró volteando de la cama al suelo, viendo latas de cerveza por doquier.

—De verdad no debí haber tomado tanto, —susurró al levantarse y empezar a recoger todas las latas. Las puso sobre la cama, salió a la cocina por una bolsa de plástico en donde colocó su colección de latas que anoche, por ebrio, debió dejar regadas por doquier.

Cuando terminó, se fue a dar una ducha, siempre refrescante en un día donde además, se le había hecho tarde para ir al colegio. Que fastidio, ahora Katoo le iba a fastidiar por una falta o dos que seguro tenía.
Se visitó con unos jeans azules y una camisa negra con rayas rojas. Se alisó su largo cabello castaño y se puso su reloj en la muñeca izquierda.

—Listo para un nuevo día. Creo que hoy no iré —, susurró para sí, no iría al colegio, además de que tenía que hablarle a Katoo para informarle sobre Hiroshi, —Hiroshi—, ahora que recordaba, el desayuno ahora era para dos. Aunque casi no desayunaba, su hermano estaba en su casa, herido por culpa de ese hombre.
Suspiró, era ilógico pensar que después de tanto que Hiroshi lo hizo sufrir, ahora se encontrara en su casa con heridas parecidas a las que tanto adoleció con él mismo con el innombrable.

Se dirigió al cuarto de Hiroshi, donde sin previo aviso se adentró. Como esperaba, se hallaba dormido, —ya levántate—, enunció parcamente y sin esperar a que despertara del todo, se dirigió a la cocina para preparar el desayuno.

Hiroshi por su parte, maldijo su suerte, —si buenos días, ¿cómo amaneciste, te sientes mejor?—, murmuró sarcástico. Se sentó en la cama y con los pies al suelo, —por lo menos estoy mejor aquí que en la calle—, analizó con tristeza. Había ido con muy poco dinero, poca ropa y golpeado.

Una vez que se alistó, con un esfuerzo tremendo debido a sus heridas que aún dolían con fuerza, se dirigió a la cocina donde Tatsuya ya preparaba la mesa para el desayuno.

El castaño estaba preparando un desayuno occidental que consistía en huevos, café, pan tostado que acababa de sacar de un paquete y jugo de naranja que puso sobre la mesa aún en su lata de cartón. Puso ambos platos sobre la mesa y se sentó a desayunar.

—¿No te vas a sentar? —preguntó Tatsuya al ver que Hiroshi seguía parado en el marco de la puerta. El nombrado solo asintió, aún en silencio empezando a comer el desayuno preparado. ¿Hacía cuanto tiempo que Hiroshi no comía algo hogareño? Se preguntó para sí. —Buenos días—, le sorprendió el saludo de Tatsuya.

—Buenos días —contestó mirando extrañado a su hermano. Tenía la ansiedad de saber más sobre él, de hacerse perdonar por él, pero sabía que era una misión más que imposible lograrlo.

El silencio y la tensión que se sentía era enorme, ambos sabían que no podrían convivir así por más tiempo pero tampoco sabían qué hacer para lograr sus distintos objetivos. Irse y desaparecer, o disculparse de todas las formas posibles por un lado.

Deshacerse de su hermano y pensar que nunca pasó, o hablar, desahogarse y perdonar, por el otro. Ambos se debatían estas situaciones pero nunca llegaban a ningún lado.

Una vez terminó de desayunar, Tatsuya dejó sus platos en el lavavajillas y fue a la sala a tomar el teléfono. Marcando el número de su tutor, esperó los 3 tonos acostumbrados que Tooru tardaba en contestar.

Tatsuya, ¿no se supone que debes estar en el colegio? —cuestiono Katoo con molestia.

El castaño solo giró la vista recibir el saludo esperado, —vaya saludo con el que saliste, buenos días primero—, se dedicó a responderle con ironía.

Soun suspiró con resignación, «ya debería acostumbrarme a su forma de hablar», pensó. —Ya deberías saber que no puedes contéstame así, pero bueno, ¿Qué quieres?

—Una persona tiene que quedarse por unos días en casa. —mencionó Tatsuya tajante.

¿Me pides permiso? —Katoo se sorprendió debido a que esta situación se repetía en mínimas ocasiones, —¿puedo saber quién es? —, el silencio del otro lado de la bocina le expresó la preferencia de mantener oculta la identidad de esa persona. Suspiró y prefirió cambiar la pregunta, —¿estarás bien?

—Si —, manifestó después de tanto interrogatorio de Katoo, aunque ya esperaba su reacción al respecto.

Está bien. Por cierto, necesito que me hagas un favor. —Katoo pensó que era mejor cambiar de tema, aunque realmente necesitaba esa ayuda en Japón.

Rodó la vista, Katoo nunca desperdiciaba esos momentos para pedir favores, —ya sabía que saldrías con eso, ¿qué quieres?

Katoo sonrió, cuando Tatsuya siempre se le ocurría pedir permiso para algo, Katoo siempre involucraba su trabajo para disminuir la tensión puesto que esas situaciones ocurrían muy pocas veces desde que se conocieron. —Que lleves unos papeles que voy a faxear al representante de BlackStars, necesitan estar firmadas para hoy y ser llevadas a la compañía. ¿Podrás hacerlo? Digo, ya que no fuiste al colegio.

—Haré algo productivo para ti e iré, pero si me cuelgo en los estudios no me culpes a mí —, bueno, tampoco era que le molestara deambular por los estudios de la empresa de Katoo. Tatsuya, desde hace unos años, siempre fue consciente de su gusto por el modelaje y encontrarse con Soun Katoo fue un estímulo a su objetivo.

Gracias, nos vemos en un mes,

—Adiós. —colgó para volverse al fax. El sonido de impresión y el cliqueo de las páginas al caer sobre el panel, indico que las hojas fueron enviadas con éxito. Las recogió para poder introducirlas en un sobre. Cogió las llaves, su celular, dinero y una chaqueta ligera, —salgo Hiroshi, haz lo que quieras solo no entres en mi cuarto ni en el de Katoo, —informó Tatsuya sin voltear y saliendo del departamento dejando a su gemelo suspirando de resignación.

—Eso ya no fue haz lo que quieras, pero gracias. —expresó Hiroshi con la mirada cerrada y la cabeza apoyada en sus manos, aún sentado sobre el comedor.


10


Terminaron las clases, Tatsuya en esa ocasión no había asistido a clases, aunque ya sabía que no tenía que meterse en los asuntos de los demás, su preocupación surgió como era costumbre en él.

Yukio que iba saliendo, encontró a Etsuya distraído, en ocasiones le agradaba verle así, distraído y en pleno día. No podía negar que su amigo tenía una belleza extraña en un hombre, aunque no supiera describirla por completo.

—Hoy has estado distraído todo el día, —declaró a un lado de Etsuya que volteó al escuchar su voz, —¿qué pasa? —preguntó casual y preocupado a la vez.

Etsuya lo negó con el movimiento de su cabeza, —no es nada, solo me preguntaba el por qué habrá faltado Tatsuya al colegio hoy—, expresó con sinceridad pero tampoco con la misma desesperación que siempre.

Yukio suspiró, —no tengo idea, pero pienso que simplemente no quiso asistir, —lo que realmente pensaba era que posiblemente su hermano había sido la causa de su ausencia, aunque podía decir que le preocupaba, prefería dejar al margen ese asunto, no quería involucrarse en problemas como el de Etsuya y Kiyoshi.

—¿Esperarás a Kiyoshi? —Etsuya dejó su apoyo alejándose unos pasos de Yukio que mantenía la mirada sobre él.

—Esa es la idea. ¿Vas a algún lugar? —Yukio le preguntó esperando una respuesta, aunque debía admitir que en esta ocasión, Etsuya estaba tranquilo.

El castaño asintió mirándole sobre su hombro derecho, —voy a la librería. Nos vemos después. —se despidió para comenzar su camino hacia la parada del autobús donde después de esperar unos minutos, lo abordó consiguiendo sentarse en un asiento individual.


11


Tatsuya finalmente llegó a las oficinas de la compañía donde trabaja Katoo, un edificio de 7 pisos con la vista de ventanas oscuras que reflejaban todo a su alrededor. Se adentró dirigiendo sus pasos a recepción donde una joven de cabellera negra, aparentemente de 26 años de edad y con una sonrisa le atendió con un «¿En que puedo atenderle?».

—¿Me podrías decir donde se encuentra BlackStars? —pidió con voz neutral a la vez que mostrara una credencial especial que Katoo le había entregado hace unos meses, «es para cuando me hagas un favor», había mencionado.

La joven recepcionista revisó en su computadora donde encontró la información de dicho grupo musical, —hoy tenían sesión fotográfica en los estudios de Hachioji —, le informó después de pocos minutos.

—Gracias. —Se retiró después de agradecer la información. A su salida del edificio, detuvo sus pasos por un momento haciendo un gesto de molestia, —es muy lejos, ¿qué hago? —, en realidad no tenía opción, o llamaba al chofer de Katoo después de que hace una semana lo mandara de vacaciones temporales, o se iba en transporte público.

—No, mejor me voy en tren, —se decidió dirigiéndose rumbo a su destino, Hachioji.

No muy lejos de ese rumbo, en el bus, Etsuya le había observado desde su entrada al edificio, así que había decidido indagar. Tal vez, en esta ocasión, podría saber más sobre la vida de Kiyoshi, «¿Qué hace en este lugar?», pensaba al darse cuenta del lugar, la compañía disquera del grupo más famoso del momento, BlackStars.

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