Capitulo 04. Maltrato y Soledad


ALMAS SILENCIOSAS

ESSENCES
Capitulo 04. Maltrato y Soledad

‹‹ ¿Cuál es el sentido de vivir en un hogar donde todos te han odiado desde tu nacimiento? Realmente no lo sé, pero es claro que lo único que quiero, es mi libertad. ››

2005 Osaka, Japón

La luz de la mañana se filtró por aquel enorme ventanal. Los rayos del sol fueron a dar, irremediablemente al rostro de Tatsuya que molesto terminó volteando hacia el lado contrario, encontrándose en el camino, con el torso de Tooru. Suspiró restregándose un momento sobre él.
Al sentir el movimiento en su pecho, Tooru terminó abriendo los ojos, malhumorado más con el sol que pegaba en su rostro que con el castaño que se restregaba sobre él una y otra vez.
―Parece que nos ha despertado el mismo personaje― Susurró adormilado y divertido.
Tatsuya alzó su mirada adormilada hacia la otra en las mismas condiciones y asintió ―Ja… tienes razón― Murmuró perezoso ― Tendremos que levantarnos ya. Tengo que llegar a ese infierno de casa― Estiró todo su largo, esbelto y desnudo cuerpo.
Tooru simplemente rió divertido por las palabras del chico ―Tengo que trabajar― Mencionó sentándose sobre la cama.
Tatsuya se levantó sin preocuparse en mostrar una vez más su desnudo cuerpo a Tooru que lo siguió con la mirada. Entonces volteó a verlo con una sonrisa ―¿Por qué mejor no nos bañamos? ― Menciono con diversión moviendo uno de sus dedos al momento en que salía de la habitación.
Tooru sonriente le siguió moviendo la cabeza hacia ambos lados ―Eres imparable― Rio entonces entrando al baño donde el cuerpo del otro se encontraba ya bajo el chorro del agua.
Entre besos y caricias, ambos terminaron por bañarse. Se vistieron y bebieron una taza de café, platicando de banalidades y sobre el trabajo de Tooru.
―¿Entonces tienes que entregar unas fotografías? ― Preguntó Tatsuya. Al verlo asentir volvió a preguntar ―No será que… ¿Dónde las tienes? ― Entrecerró la vista sospechando el lugar.
―En el royo de la cámara― Mencionó tranquilo y bebiendo su café. Al observar el sobresalto que provocó su respuesta en el otro volvió a hablar ―Tranquilo, siempre que te fotografío, soy cuidadoso en sacar las fotografías importantes, por lo que las revelo yo― Respondió al miedo en los ojos ajenos.
―Más te vale Tooru… no quiero tener problemas― Advirtió sentenciando sus palabras con una mirada fruncida ― Por cierto… ¿Para qué quieres todas esas fotos que me has estado tomando durante dos semanas? ― Preguntó después interesado en su respuesta.
―Para un concurso… la mayoría ya están reveladas pero falta revelar las ultimas, son las que tengo en la cámara… por su puesto, sacando las otras― Remarcó mencionando el motivo por el que le había fotografiado tanto y advirtiendo que no se olvidaría de sacar del paquete, las que no debían de ir incluidas.
―Si son para un concurso… ¿Por qué me fotografías a mí? ― Preguntó algo extrañado.
Tooru sonrió ―¿Es que no te has dado cuenta? ― Al ver la negativa del otro, suspiro ―Ya te lo he dicho ¿no? Eres alguien digno de fotografiar. Tienes un cuerpo magnifico, un encanto para estar dentro de una cámara y la sensualidad que desprendes es única. Por eso te necesitaba para este proyecto― Explicó con naturalidad.
―Ya me lo has dicho, pero no te lo puedo creer aún…― Suspiró y observó su reloj abriendo en demasía los ojos ― Carajo! Ya son las doce del día. Tengo que ir a casa…― mencionó levantándose de la silla ―¿Me llevas a donde me recogiste?― Preguntó esperanzado y con mirada brillante. Su rostro se observo como el de un niño después de haber hecho una travesura y haber dicho yo no fui.
―Jaja… claro que si... espera un momento― Sonriente, terminó su café de un trago y se dirigió al cuarto para tomar su cámara con las demás fotografías ya reveladas.
―¡Apúrate! ― Apresuró Tatsuya desde la puerta.
―¡Ya voy! ― Pronunció apurado Tooru caminando detrás de él, mientras en el proceso tomaba su maleta de trabajo y sacando el rollo. Al salir del edificio, finalmente guardo ambas cosas y abordaron el automóvil arrancando en el proceso.
1
En la calle del frente, unos metros más atrás, el sujeto de la noche anterior observó atentamente sus movimientos. Detrás de la cámara observó al pelinegro guardando cosas en aquella maleta café que cargaba sobre su hombro. Mas un objeto pequeño cayó al suelo.
El chico no se había dado cuenta por lo que observo cuando arrancó el auto blanco alejándose del lugar. Salió presuroso de su automóvil dirigiéndose al lugar donde vio caer el objeto. Un rollo de fotografía. Lo guardo y se dirigió enseguida a un estudio fotográfico.
―Revela este rollo… lo necesito urgente― Pidió, nada amable, al estar en uno de los estudios fotográficos dentro de la plaza comercial de Osaka.
―Sí, claro. Estarán dentro de dos días― Mencionó el chico encargado en esos momentos del local. Su tez moreno claro, su cabello pelirrojo corto y brillante. Mientras su mirada seria y tranquila color grisácea.
―Las necesito ahora mismo― Esperaba esa respuesta pero también esperaba que el chico entendiera sus razones sin tener que explicar demasiado.
―Lo siento pero no puedo dárselas ahora, tardaran unos días― Tranquilo entretenido al momento de hacer la nota de entrega. No entendía la desesperación por unas fotografías que no podría entregar ese mismo día debido a la carga de trabajo que había aún pendiente, además de que tenía tarea escolar por hacer.
―Te doy más dinero pero las necesito ahora mismo― Dialogó con un poco de desesperación mostrada en su voz. No podía creer que ese chico necesitara algo más para que accediera a hacerle esas revelaciones en ese mismo día.
―¿Qué pasa Susuki?― mencionó un señor de edad avanzada al chico al momento que salía por una de las puertas detrás del mostrador.
―Abuelo, es que este señor quiere las fotografías ahora mismo, pero le he dicho que estarán dentro de dos días… no me hace caso― reprochó el joven pelirrojo haciendo frunciendo el entrecejo y ladeando un poco su cabeza.
ve a dentro Susuki― ordenó el anciano viendo al pelirrojo asentir ―¿Son realmente urgentes?― mencionó al cliente con voz tranquila al momento en que Susuki entraba por donde el anciano había salido.
―Por favor, las necesito para mi trabajo, las necesito hoy mismo― respondió con aún más desesperación mostrando el rollo que aún poseía entre sus dedo.
―De acuerdo, pero tendrá que esperar un par de horas― aceptó sonriente, el joven que tenía enfrente realmente se veía que las necesitaba ese mismo día.
gracias― agradeció más tranquilo. Le entregó el rollo y se dedicó a observar un poco el lugar. Después de un rato, tomó asiento en uno de los asientos del local, dispuesto a esperar la entrega.
2
Llegaron al mismo lugar en donde se habían encontrado. Que siendo fin de semana, los automóviles de los habitantes en esa cuadra, se acumulaban en las calles encontrándose estacionados.
―Hemos llegado― Tooru paró en una esquina el automóvil para después voltear hacia el castaño ―Cuídate. Nos vemos en la noche. ¿De acuerdo?― mencionó, acariciando en el proceso, la mejilla del chico.
―Sí, claro― Tatsuya sentía aquella suave caricia del hombre a su lado. Cerrando los ojos podía percibir aquella sensación de miedo en el ambiente ―Nos veremos aquí mismo en la noche― Sonrió para Tooru al momento de verle.
Tooru se acercó para besarlo. Apenas un roce de labios, suave y lento. Dentro de sí, lo sentía como una despedida. No entendía la razón pero necesitaba hacerlo antes de dejarlo ir. Se separaron sonriendo mutuamente para observar, como Tatsuya abría la puerta para salir del vehículo.
―Por cierto― Pronunció el castaño antes de descender por completo ―No se te olvide. Cuida bien esas fotografías… por favor― Rogó al pelinegro que sólo asintió con una sonrisa tranquilizadora.
―No te preocupes, no pasará nada― Prometió para tranquilizar a aquel chico que angustiado se observaba.
―Nos vemos― Se despidió recibiendo del otro una afirmación con su cabeza. Cerró la puerta para observar como partía Tooru enseguida. Entonces se dirigió a su casa.
3
Al llegar al estudio, Tooru bajó con maleta en hombro. Sonriente después de la noche que había tenido. Posiblemente no había comenzado bien, pero después de las películas, la sesión de sexo con Tatsuya, había sido fantástica.
―Buen Día― Saludó a la recepcionista que sonrió con un movimiento de cabeza regresando el saludo.
Siguió su camino hacia los elevadores del edificio. Su estudio se encontraba en el cuarto piso por lo que presionó el botón de destino. Al momento de subir, fue buscando el rollo que había guardado.
Arrugó el entrecejo al no sentirlo, a lo mejor se encontraba debajo de la cámara. Ya lo buscaría en su estudio. Al abrirse las puertas del cuarto piso, se dirigió presuroso a su lugar de trabajo, sobre la mesa dejó la maleta para empezar a hurgar dentro de ella buscando el deseado objeto.
―¡Rayos. No puede ser!― No estaba, se buscó entre las ropas desesperado volteando por todos lados sobre si mismo. No podía ser cierto, no estaba el maldito rollo de las fotografías.
Salió corriendo dejando atrás la maleta y la cámara sobre su escritorio. No tenía tiempo de esperar al dichoso elevador por lo que presuroso, tomó rumbo a las escaleras. Bajó agitado hasta su automóvil, donde, desde la lejanía, presionó el botón de la alarma desactivándola en el proceso.
Abrió bruscamente la puerta, busco por todos lados sin encontrar nada. Sentado en el asiento del piloto, golpeó fuertemente sobre el volante hundiendo su rostro sobre el mismo cerrando herméticamente la vista por el enfado que cubrió su cuerpo entero.
―Maldita sea. Esto no puede estar pasando― Susurró con impotencia. Apretó fuertemente los puños. Se lo había prometido, no perdería esas fotografías. No obstante, era lo primero que había hecho pues sabía que había sacado el rollo consigo después de bajar del departamento junto a Tatsuya.
4
Dejó la pluma a un lado y volteó a aquella puerta donde hacían las revelaciones de los rollos. No podía creer que su abuelo hubiera aceptado lo que ese sujeto pedía. No entendía a su abuelo, tenían mucho trabajo para dejarlo por un simple sujeto que quería la revelación de un rollo para ese mismo día. Eso era trabajar el doble pues tenían que posponer otros rollos para horas más tarde.
Se levanto de la silla para abrir la puerta, se adentró sobre ese pasillo oscuro después de cerrarla de nuevo y enfrentar a la siguiente, la cual abrió con sumo cuidado.
Pudo observar a su abuelo quitando una por una del colgadero. Suponía que ya habría acabado puesto que estaba juntando todas entre sus manos para poder meterlas dentro del sobre.
―Veo que finalmente has terminado. ¿Verdad?― El pelirrojo se acercó recargando su brazo izquierdo sobre la repisa.
―Susuki, no vayas a empezar de nuevo― Advirtió el anciano mirando conciliador al joven. Después de haber recibido el rollo, su nieto había estado molestando con el asunto de los demás clientes.
―Abuelo, sabes lo que pienso. Tendría que haberse esperado como lo han hecho los demás. Son las reglas, el que llega al último es el que esperará― habló con sabiduría el ojigris.
―Querrás decir el que se fue a la villa perdió su silla, y no. No estoy de acuerdo. Fin del asunto― Terminó aquella platica dirigiéndose a donde su cliente esperaba, sin darse cuenta que una de las fotos que guardaba, se resbaló de sus manos.
Al ver que ésta caía, Susuki se apresuró a cogerla ―Abue…― terminó susurrando al ver aquella fotografía, ahora entre sus manos ―Nada― dijo cuando su abuelo ya no se encontraba en ese lugar.
Aquel sujeto, en una pose de modelo frente a una cascada. Sus manos colgando de los bolsillos traseros de su pantalón vaquero y una camisa blanca abierta. Su rostro se mostraba serio, pero a la vez expresaba mucha sensualidad. Se veía realmente sexy.
―Ya veo. Debe ser un modelo. Tal vez es trabajo― Se dijo quedándose con aquella fotografía. Se adentró de nuevo a donde había dejado sus cosas para continuar con su tarea escolar.
Mientras tanto, el anciano había salido con Kai para hacer la entrega del trabajo realizado ―Aquí esta su pedido― dijo sonriente a un ansioso Kai.
―Muchas Gracias― Dejó el dinero para salir corriendo un instante después. Al llegar a su vehículo, una vez dentro, se atrevió a abrir el sobre. Mas al sacarlas, la vista y sus labios se fueron abriendo impresionados por lo que tenía enfrente ―No-lo-puedo-creer― Deletreó palabra por palabra pasando una por una. Vestido o desvestido, esas fotografías eran la prueba perfecta que necesitaba.
Sacó su celular y en cuanto terminó de marcar, una voz seria y ruda, sonó desde el otro lado ―Tengo terminada la investigación― Mencionó sonriente mirando una de ellas entre sus manos.
Trae la prueba inmediatamente― Claro, no se preocupe, voy de inmediato ―Quiero esa prueba en este instante… Tatsuya no se va a salir con la suya en esta ocasión― Voy en seguida― Cortó la llamada dejando el teléfono sobre el asiento izquierdo.
―Lamento esto chico, de verdad no quería hacerlo pero… eres tu o soy yo― Murmuró encendiendo su automóvil con dirección a su jefe.
5
Había llegado a aquella pequeña casa ambientada para él fuera de la mansión y lo primero que hizo, fue acostarse sobre su cómoda y querida cama para quedarse dormido en el momento.
Transcurridas las horas, levantó lentamente sus parpados. Acostado de medio lado, simplemente, con apoyo de sus brazos, se sentó sobre la cama para estirar todo su cuerpo y tratar de quitar los residuos del sueño.
Volteó su castaña mirada hacia el circular reloj que tenía sobre su cama para observar que eran las 17:30 horas ―Dormí demasiado― Susurró al tiempo que se levantaba.
Se fue desvistiendo en su camino al baño. en cuanto entró, abrió el grifo del agua para poder meterse bajo el chorro de agua con tranquilidad.
6
―Puedes retirarte― Estiró su brazo llevando consigo un cheque con una gran suma de dinero ―Buen trabajo― Mencionó observando lo que tenía en sus manos detrás del escritorio de su estudio.
―Con permiso― Mencionó Kai al momento de salir, suspirando del otro lado de la puerta por la tranquilidad que tenía por haber terminado con ese agobiante trabajo y se retiró tranquilo de aquella enorme mansión.
Dentro del estudio, el hombre de unos 48 años seguía observando aquellas imágenes. En cuanto pasaba una por una, la furia fue recorriendo todo su cuerpo. La respiración cada vez más rápida.
Entonces no aguantó más, aquello era imperdonable, que dejase que le tomaran fotografías con ropa era pasable pero que se dejara fotografiar desnudo y teniendo sexo, era imperdonable.
Se levantó de su asiento dirigiendo sus pasos hacia el lugar donde sabia podía encontrarlo ―Esta vez no te perdono… Ya tengo que mantenerte por obligación para que salgas como un puto maricón Tatsuya― Arremetió con furia denotado en su tono de voz y en aquellos ojos castaños que parecían bombardear cualquier lugar donde su vista se topara.
7
Iba caminando por el pasillo tranquilo, buscando alguna manera de molestar a Tatsuya como ya era su costumbre. No obstante, al pasar por el estudio, un sobresalto cubrió su cuerpo entero.
Su padre salía por esa puerta de improvisto ―Pero que…― Que rayos pasaba. Es lo que iba a decir, más el descomunal ataque de furia que denotaba en su padre le hizo cerrar herméticamente su boca.
Hiroshi lo siguió entonces, silencioso pero con rapidez, casi corriendo ya que el mayor iba a paso veloz en busca de algo. Al salir de la casa, se percató de la dirección que llevaba por lo que, en ese momento, sintió por primera vez el miedo de lo que fuera a suceder.
Al repasarlo completamente, se percató de que en su mano izquierda iba un paquete fotográfico mientras que la otra iba apretada con toda la fuerza que pudo notar. Un escalofrío terrible lo recorrió de pies a cabeza ―No puede ser― Susurró con voz temblorosa. Lentamente fue deteniendo su paso hasta quedarse completamente paralizado cuando lo vio abrir la puerta de forma estrepitosa y escuchar, desde su posición, fuera del pequeño hogar de Tatsuya, el golpe soltado por su padre, seguido de otros más.
El dolor interno empezó a aflorar en su alma, escuchaba los gritos de su padre reclamando y los lastimeros lamentos de su hermano. Su hermano, ahora lo entendía. Demasiado tarde.
8
Había terminado de vestirse. Más cuando iba guardando su teléfono celular,  cuando, sin poder reaccionar, el sonido de la puerta abriéndose bruscamente lo había hecho voltear sorprendido ―Pero que…― No había terminado de hablar cuando una mano le había tomado de la cara para impactarlo en un fuerte y duro empujón hacia el armario.
―¡Ah!― Un grito desgarrador salió de sus labios por aquel golpe en su cabeza y en su rostro. Su nariz empezó a sangrar irremediablemente después del golpe inicial. Llevando una mano a su cabeza, algo aturdido, comprobó que todavía estaba sana, no obstante, con la otra y con la humedad tocando sus labios, sabía que su nariz había sido rota en ese momento.
―¡¿Así me pagas el que te de un hogar donde vivir? Desgraciado maricón!― Escucho a su padre gritarle fuerte, con furia y por supuesto, con odio en su voz.
―¿P-pero de q-que ha-blas?― Con la voz entrecortada alzó su vista para observar a su padre, Katsuo Inao.
Fue entonces que aventó el paquete ―Hablo de esto― pronunció con rencor.
Las fotografías salieron despedidas bajo la atenta y asustada mirada de Tatsuya. No podía ser verdad. Se suponía que Tooru las iba a revelar, mas ahora se esparcían frente a sus ojos.
No pudo hablar. Eso hizo enfadar más a Katsuo Inao que sin piedad arremetió nuevamente contra Tatsuya. Con toda la fuerza de su pierna derecha, soltó un golpe sin piedad hacia el joven que no pudo más que recibir aquello desde su pecho hasta su mandíbula.
―¡No deberías haber nacido nunca!― Seguía diciendo mientras tomaba del cuello al castaño para aventarlo contra la mesa. Tatsuya entre tropezones y tambaleos pudo sostenerse con sus manos antes de que impactase su rostro contra ella, más el gusto no duró demasiado. Katsuo lo sostuvo por los cabellos para impulsarlo contra la mesa, una tras otra, pero desquitando todo lo que sentía en su interior por aquel bastardo que el destino había puesto como hijo suyo.
Tatsuya no podía hacer otra cosa más que gritar con terror, ese sujeto llamado padre, lo quería matar, eso lo tenía claro. Pero su alma era la que más sufría, cada golpe era una herida más profunda para ella, cada gota de sangre derramada, era un fragmento de su corazón partiéndose en miles de trozos incurables.
―¡No te perdonaré esto. Vas a sufrir lo que he sufrido todos estos años. Todo por haber nacido, inmundo animal!― Repetía una y otra vez. Lo volvió a tirar sobre el suelo, esta vez, propinando patadas sobre su estómago, una tras otra hasta hacerlo vomitar sangre.
Las lágrimas saliendo de sus ojos, era la clara señal que ese era el punto de quiebra y de resistencia que podía tener Tatsuya Inao. Por su cabeza empezaron a pasar todos esos momentos odiados y olvidados por su propia mente. Aquellos desprecios de su padre, aquel alejamiento de su madre y odio absoluto después de su abandono. Las constantes peleas con Hiroshi que siempre terminaban en castigos para él. ¿Por qué la vida tenía que jugarle un destino tan cruel en su vida? No lo entendía, a pesar de que habían pasado ya, varios años de convivir con eso.
Los gemidos, los gritos de angustia, el llanto, el terror. Todo junto en aquel lugar, siendo acompañados por los golpes, la furia, el desconocimiento de padre, la homofobia de Katsuo Inao.
La sangre empezó a visualizarse con más intensidad al pasar del tiempo, de aquel dolor que sufría el cuerpo del castaño por los constantes golpes. Y simplemente se desplomó, inconsciente quedó aún recibiendo golpes por parte de Katsuo Inao, quien al ver que ya no reaccionaba, lo tomó del cuello para arrastrarlo fuera de la casa.
9
Paralizado. Así había quedado Hiroshi Inao. Su alma se quebró al verle inconsciente y maltratado. Fue cuando sintió el tiempo desperdiciado, entre peleas, envidias y un odio infundado por su padre hacia su hermano.
Vergüenza. Eso fue lo que sintió en ese momento. El verle tan desprotegido en ese momento, le había hecho darse cuenta que había desperdiciado por seguir el ejemplo de su padre. Ahora era demasiado tarde para rectificar todo lo que había hecho.
Fue cuando observo que su padre se dirigía a la entrada principal, con Tatsuya arrastrando y solo tomado por el cuello que, de sus ojos castaños, empezó a salir aquella agua salada que no había sido nunca mostrada a nadie, ni siquiera a la soledad ni a su alma.
Presuroso, entró a la habitación. Asustado por el estado de ésta, tomó todas la fotografías esparcidas, una por una hasta tomar la última. Las dejó acomodadas sobre la maltratada mesa.
Corriendo fue hacia el armario para sacar pantalones, camisas, ropa interior. Todo lo que pudo. Sacó del mismo lugar una maleta en donde empezó a guardar todo lo que ésta pudiera.
Tomó las fotografías, mismas que guardó en el mismo lugar. Cuando la cerró, se dirigió a la cama para tomar desesperado la sabana que la cubría. Enredándola bajo su brazo izquierdo, tomó con la otra mano la maleta y salió corriendo hacia la puerta.
En cuanto llegó, se escondió detrás de un árbol, uno de tantos que se encontraban en la entrada. Esperando el momento. Esperando que su padre entrara de nuevo a la casa.
10
Lo aventó contra el pavimento sin piedad alguna. Observándolo desde su lugar, con prepotencia, con desconocimiento y con una autoridad digna de un miembro yakuza.
―No eres bienvenido a esta familia. Cambia tu nombre, tu apellido porque no eres merecedor de llevar el nombre de una familia como la Inao― Culminó sacando de su traje, un pequeño sobre ―Aquí está la autorización para que lo hagas― Aventando el sobre, volvió a entrar a su hogar, abandonando a un inconsciente Tatsuya fuera de ella.
11
En cuanto vio que entraba a la casa, emprendió carrera hacia la salida, soltando a lado de Tatsuya todas las cosas que había tomado ―Tatsuya… Tat-Tatsuya… o-oye, des-despierta― Con la voz entrecortada y su vista nublada por las lágrimas, trató de animarlo para que reaccionara.
Sintió cuando movieron su cuerpo. Un quejido salió de su boca más no podía moverse, le era imposible hasta abrir los ojos ―Aguanta… por favor― Escuchó que le dijeron. No podía distinguir la voz que le quería ayudar. Se sentía débil, física como mentalmente. Estaba cansado de aguantar ese infierno de vida que tenía.
Con la sabana que había tomado, cubrió el cuerpo maltrecho de su hermano. Volteó simplemente para tomar de los pies de Tatsuya, el sobre dejado por su padre y de inmediato lo guardo en la maleta a su lado.
―Vo-voy a conseguir ayuda. A-aguan-ta un poco― se levantó para correr hacia la calle en busca de un vehículo que se detuviera para ayudarlo. Sin embargo, cuando uno se detenía y observaba su señalamiento, no esperaban, arrancaban de inmediato dejándolo con la palabra en la boca.
Se meció los cabellos desesperado, tenía que llevarlo con urgencia a un hospital para que lo ayudaran y le salvaran la vida pero nadie se detenía. Volteó constantemente de un lado para otro, buscando a que alguien, una persona generosa se detuviera para ayudarlo.
12
―Tranquilo. El trabajo va bien, ese chico tendrá potencial en unos años para poder, finalmente, lanzarlo al mundo del espectáculo― Hablaba tranquilamente, desde la parte trasera del automóvil, un chico de unos 25 años. Su cabellera en una mezcla entre negro, gris y azul, se encontraba largo y cortado en capas. Su vestimenta, un elegante traje negro, acompañado por una camisa de seda roja y una corbata lisa en color blanco y zapatos negros. Su vista violeta, seria y tranquila venían viendo el pasar de las calles. Su nombre, Soun Katoo.
Desde la lejanía, observó a un chico, de no más de 16 años desesperarse por parar a un automóvil. Frunció la vista para observar detenidamente el lugar y fue cuando lo vio. Un chico, parecido a él, estaba sobre el pavimento, solo cubierto por una delgada sabana, que para ese entonces, ya se encontraba empapada en sangre.
―Takashi. Para el auto― Anunció ―Después me comunico contigo ― Cerró su celular, guardando el aparato en su bolsillo izquierdo. En cuanto el automóvil se detuvo, bajo casi corriendo, primero hacia el joven de cortos cabellos que, en cuanto lo observó, bajo los brazos.
―¿Necesitan ayuda?― Cuestionó tomando los hombros de Hiroshi que con lágrimas en sus ojos asintió apresurado. El joven se soltó de su agarre corriendo hacia el cuerpo del otro, recostado en la acera.
―Mi-Hermano― Mencionó encogiéndose a su lado ―Tatsuya, nos van ayudar. Aguanta un poco más, por favor― Movió un poco su hombro, recibiendo como respuesta una débil afirmación con su cabeza.
―Pero que… ¿qué le paso? ― Preguntó al ver el estado del chico. Se hincó a su lado, sin esperar respuesta, tomó al castaño de cabellos largos entre sus brazos para llevarlo a su automóvil ―Sígueme. Tenemos que llevarlo a un hospital de inmediato― Mencionó al otro corriendo a su vehículo.
Hiroshi se apresuró, tomó la maleta aún en el suelo para correr a abrirle la puerta a ese hombre que les había ayudado. Katoo subió sin pensarlo a la parte trasera con aquel chico en brazos. Hiroshi, al cerrar la puerta, se subió a la parte del copiloto del vehículo.
―Rápido Takashi, al hospital más cercano― Ordenó Soun al chofer que sorprendido por el estado del chico de atrás, asintió acelerando en el proceso, en dirección del mencionado lugar.
13
―No se preocupen. Lo hemos logrado estabilizar. Tiene contusiones muy serias pero nada de peligro. También, hemos podido parar el sangrado interno ocasionado por la fractura de diversas costillas. La fractura de la nariz esta operada y no ocasionará demasiados problemas, además de que no tiene lesiones graves en la cabeza― Explicó el médico a ambos.
Hiroshi, quien se esperaba que estuviera grave, no había medido las consecuencias de los golpes ocasionados. Sin embargo ―Los golpes en la cabeza… ¿Podrían ocasionar… consecuencias?― Preocupado por su salud, escuchó atentamente la respuesta del médico.
―No te preocupes chico. Tu hermano estará bien. Los golpes en su cabeza no resultaron ser de consecuencias, pero es cuestión de esperar a que despierte. Sin embargo, las otras lesiones lo mantendrán en cama por lo menos dos meses para su recuperación total― Aclaró sonriente.
―Muchas gracias doctor. Por cierto, ¿Cuándo podrá salir del hospital?― Preguntó más tranquilo Soun, más aún serio al enfrentar al médico.
 ―En una semana podrá estar en casa. Con permiso― Dio vuelta para emprender su recorrido con otros pacientes, mientras tanto, en la sala de espera, ambos se quedaron pensativos con sus palabras.
Hiroshi suspiró preocupado ―Tatsuya no puede ir a casa― Susurró con tristeza al recordar las crueles palabras de su padre. Era cierto, no soportaba a Tatsuya, pero no había soportado que su padre le golpeara de manera tan cruel.
A Soun, aquellas palabras lo descolocaron, por lo que incrédulo, volteó la vista al castaño ―¿Qué dices?― Pregunto extrañado a la vez que el joven se encogía sobre su asiento.
―Es que… quien golpeó a… Tatsuya…―Hundió el rostro entre sus manos, sintiendo vergüenza ―Quien lo golpeó… fue nuestro p-pa-dre― Terminó susurrando con melancolía.
―¡¿Qué estás diciendo?!― casi gritó con sorpresa. su incredulidad fue en aumento con lo dicho por Hiroshi. No cabía en su mente que un padre fuera capaz de hacer tal cosa. Era una situación inhumana esos casos.
―Mi padre… nunca ha querido a Tatsuya. Siempre lo ha marginado y ha dicho que no es su hijo― Comentó cabizbajo ―Nunca recibió abrazos de su parte. Siempre me trataba como hijo único mientras que a él, lo trataron como una escoria― Su voz se llenaba de melancolía, se le rompía mientras le seguía contando la historia de la familia Inao.
Soun, que se mantenía escuchando sus palabras, se llenaba de un coraje indescifrable. La vida de aquel chico, Tatsuya Inao, no era más que un infierno en vida. Los maltratos, el odio, la violencia física. Un ser humano no debería ser tratado de esa manera. Le daba rabia pensar en todo lo que le había provocado llegar a donde se encontraba en esos momentos, en un hospital tratando de curar sus heridas, ayudado, por supuesto, por un desconocido y un hermano arrepentido de sus actos.
―Entonces, le dijo que… cambiara de nombre, apellido…por-que no me-merecía lle-var el apellido Inao― Finalizó después de un tiempo contando todo lo que había vivido.
―No te preocupes. Yo me encargaré de cuidarlo― Sorprendió a Hiroshi, quien con movimiento brusco, giró el rostro para observar al mayor. Claro que lo cuidaría, no iba a dejar que le hicieran más daño, a pesar de no conocerlo, aquel relato le dejo claro que necesitaba a una persona que lo hiciera sentir querido.
14
Apretó los parpados. Movió débilmente sus dedos. Sentía el cuerpo pesado, no recordaba la razón de su debilidad. ¿Habría dejado de comer el día anterior? ¿No había dormido lo suficiente? ¿Acaso, había tenido una noche demasiado dura con algún lunático? No, ninguna de las situaciones anteriores.
Empezó a recobrar poco a poco el sentido del tiempo. Su tacto regresó para sentirse rodeado de distintos objetos extraños. Poco a poco, su vista se fue abriendo, mirando confuso aquel techo blanco.
Era claro que no estaba en su cama pues empezó a mover un poco su rostro en ambas direcciones, observando el lugar ―Un Hospital― Dejó caer su cabeza nuevamente sobre la almohada ―¿Qué pasó?― Susurró cerrando su confundida mirada.
―Te he encontrado tirado― Escuchó desde la puerta. Un chico de cabellos largos entró al cuarto, su semblante era serio mas su voz resonaba amable. Arrugó su entrecejo en un gracioso gesto que demostraba su extrañeza y desconfianza hacia aquel hombre, que al percatarse, soltó una ligera risa ―Tranquilo, no te voy a hacer nada― Sonrió ligeramente al tiempo que suavizaba sus rasgos.
―Quién eres― Preguntó al instante con un poco de molestia. Cómo se atrevía a reírse de él. Pensó.
―Deja que me presente. Me llamo Soun Katoo. Mucho gusto en conocerte― Se presentó con tranquilidad ―Y me gustaría que vivieras conmigo como tu protector y tutor― Finalizó diciendo con semblante serio.
―¡¿Pero qué dices?!― Sorpresa e incredulidad pasaron por su cabeza al momento que alzaba la voz sorprendido por la repentina invitación. Pero qué le pasaba a ese hombre. Ni siquiera lo conocía de nada y venía a invitarlo a vivir con él.
Se mantuvo serio, molesto. Le sostuvo la vista fijamente al momento que pensaba sobre sus palabras. Entonces respondió causando una ligera sonrisa mucho más amigable en Soun.
 

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