Capítulo 08. Realidad, Una Soledad


ALMAS SILENCIOSAS
ESSENCES

Capítulo 08. Realidad, Una Soledad.

« Es impactante, no puedo creer que sufrieras tanto, ahora comprendo, pero también me arrepiento, debí elegir el camino correcto, ahora… solo te veo sufrir. »

—Se encuentra estabilizado y fuera de peligro pero las contusiones que tiene en su cuerpo son muy graves, deberá guardar por lo menos dos meses de reposo total en lo que sanan, —menciono el médico que atendiera a Hiroshi una vez llegaron al hospital más cercano.
—¿Podrá salir hoy mismo? —Yukio formuló la pregunta al ver tan distraído a Tatsuya, a lo mejor pensando en que hacer, tal vez solo preocupado por su hermano, o quizá las dos cosas.
—Tendrá que quedarse un par de días para que no le moleste el traslado pero después de ese tiempo podrá irse a casa. Con permiso. —El médico se retiró de inmediato de la sala de espera, lugar donde Tatsuya y Yukio se encontraban.
—¿Vas a pasar a verle? —preguntó Yukio al notarle cabizbajo y desanimado. Tatsuya negó con un simple movimiento de cabeza, la cual, tenía escondida entre sus manos.
—No, por ahora no —susurró Tatsuya. Suspiró y rememoró el último enfrentamiento con su padre, ese día pudo haber muerto de no ser por Katoo a quien le tenía mucho agradecimiento. Ahora que le pasaba a Hiroshi, la satisfacción y la preocupación se mezclaron revolviendo sus ideas, su corazón. Por un lado, era feliz porque finalmente su hermano tenía lo que tanto se mereció por las burlas y despechos contra su persona. Por otro lado, era su hermano, le preocupaba su salud y verle en ese estado, casi como él mismo quedó en aquella ocasión, le había dado en el corazón.
—¿Qué hago Yukio? —susurró con melancolía. La sombra del cuerpo del rubio multicolor le obstaculizó la luz pues éste se encontraba parado frente a él. Se recargó en su estomago cerrando la mirada con fuerza evitando que las lágrimas cayeran y poniendo las manos en ambos costados de la cadera del chico, entonces las apretó desesperado.
—Si no me cuentas la situación, no podré ayudarte —Yukio abrazó con fuerza y cariño a Tatsuya, le sintió sacudir los hombros, seguro por el llanto que le empezaba a recorrer. Temblaba posiblemente de coraje, miedo y de confusión, por su hermano. Estaba lejos de imaginar todo lo que Hiroshi y Tatsuya habían pasado en su niñez, en su juventud, ahora mismo.
Yukio solo se preocupaba por el castaño que tenia entre brazos, empezaba a entender que su carácter era por algo más profundo, aún así, quería ser el amigo con el cual se pudiera desahogar, justo como en ese momento.
Tatsuya al escucharle guardó silencio, tratando de controlar aquellas traicioneras lágrimas, con tantas cosas en su cabeza que prefirió dejarla en blanco, al menos lo intentaba pero era prácticamente imposible. —No puedo creer que me pasen estas cosas, —susurró entre el calor de aquellos brazos que le hicieron sentir bien.
—Tatsuya…
—Perdona por meterte en mis problemas, no sabía a quién recurrir —se separó unos centímetros de aquel cálido cuerpo. —Desde siempre he estado solo, no dependo de nadie y al contrario… —Yukio le observó pararse de forma brusca, dando vuelta golpeando la pared con fuerza—… ¡Por Dios! Ni siquiera debería preocuparme por él —la desesperación se apoderó de él, el temblor de sus hombros se hizo más fuerte y el llanto no aguantó más, necesitaba desahogar su alma.
Yukio cerró la vista con fuerza al tiempo que le tomó con fuerza, ambos parados, abrazados, Tatsuya con el cuerpo rígido y el alma desbordada en sufrimiento. Él triste por saberle tan frágil, pero con la fuerza mental para mantenerle estable mentalmente.
—Tranquilízate. Estaré aquí siempre que me necesites, no tienes que decirme nada— Yukio entendió que no podía pedirle una explicación sin que él reaccionara de forma violenta, por esa razón prefirió quedarse con tantas preguntas en la cabeza.
—Gracias pero no tienes porque preocuparte tanto por mí, realmente no merezco personas como tú o Kiyoshi a mi lado —Tatsuya se separó del cálido abrazo del rubio dando la espalda en su movimiento. Se recargó en la pared abrazándose así mismo.
—¿Qué no me preocupe? Si realmente lo quisieras, entonces no me hubieras llamado —contestó Yukio muy seguro de sus palabras. Con seriedad y tranquilidad, se volvió a acercar al pelilargo. —Todos tenemos a alguien quien se preocupe por nosotros y al contrario —, dicho esto, se recargo con ambas manos en la pared encerrando al chico.
—Yo no tengo nada de eso, ni quien se preocupe por mí, ni quien me cuide. Siempre ha sido así —respondió Tatsuya de frente, viendo su grisácea mirada. En ese momento sentía que algo se rompía en lo más profundo de su alma, un hueco que había mantenido tan oculto como pudiera, por tanto tiempo desde la partida de Ian Kotetsu.
—Pero es porque lo has querido así, —Yukio suspiró, esta plática empezaba a desesperarle… ¿Cómo podía derrumbar esa pared que había formado? No lo sabía, no encontraba la forma de hacerlo. Se enderezó, quitó sus manos y tomó asiento en uno de los sillones de la sala de espera, —Será mejor que vayas a ver a tu hermano, necesitas platicar con él… supongo.
Yukio cerró el tema de golpe, con frialdad y enfado. Al menos de esa forma la sintió Tatsuya quien con melancolía se volvió para enfilarse a la habitación de Hiroshi. No podía pedirle nada a Yukio, es cierto que le había llamado pero no permitiría que avanzara más, no lo involucraría en sus problemas.
1
Yukio, quien sintió la partida de Tatsuya, se restregó con fuerza el rostro con ambas manos. No aguantó esa situación y lo evidenció con el grito ahogado que soltó, —¿Qué demonios puedo hacer para que confíen en mí? —, en efecto, sentía que sus amigos no le tenían la confianza, o tal vez era porque era demasiado insistente. El caso es que, aunque trataba de ayudar, ni Etsuya, Kiyoshi y ahora Tatsuya, no se dejaban, siempre le hacían a un lado.
Dolía. La desconfianza que entendía les ofrecía al trío de chicos. Suspiró profundo, necesitaba relajarse. Así lo hizo, una, dos, las veces que fueran necesarias. Cerró los ojos y se recargó en el respaldo. Tratando, tan solo eso, de encontrar paz en su interior.
Suspiró profundo, trató de relajar su mente, pero los momentos más agrios de su vida pasaron cronológicamente. El último pleito con sus padres había sido lo más duro de su vida, un arranque de su inestabilidad emocional, al día siguiente, tenía que vivir con sus tíos por un accidente automovilístico en donde sus padres fallecieron.
Agradecía a sus tíos por albergarle como un hijo más, el cariño que le dieron, al igual cuando le dejaron vivir solo. Aunque tuviera que vivir con esos dos chicos que ahora eran sus mejores amigos. Sonrió tranquilo, contento pero melancólico.
—Necesito llegar a casa, —respiró profundo, susurrando dichas palabras. Necesitaba dormir y dejar de pensar.
2
Abrió la puerta con cuidado, tratando de hacer el menor ruido posible y al entrar se recargó en la pared inmediata a la entrada. Su mirada se llenó de temor al observarle en ese estado, lleno de vendas y esas cosas. Tal como había estado en esa ocasión, incluso pensaba que a su hermano le había ido bien.
«¿Mi hermano?». Si, Hiroshi era su hermano, él no había tenido la culpa del odio implantado por su padre, este chico, así como él mismo, habían sido víctimas de maltrato.
Con paso lento se dirigió a un costado de la cama. Le observó de pies a cabeza pero no sintió el odio de la última vez que se vieron. Era como si esa golpiza hubiera sanado las heridas entre ellos.
No, no podía mentirse así mismo, desde que se enteró de esta situación hace unas horas, debía admitir que se alegró, el que Hiroshi hubiera recibido el mismo trato que él, más viniendo de su propio progenitor, de la misma persona que tanto mal le había hecho.
Hiroshi abrió los ojos y le vio parado, justo a un lado de él. Sonrió, melancólico y sin gracia alguna en su expresión. Lo hizo con burla, una dirigida a su persona.
—Creo que estas feliz, ¿verdad? —, cuestionó Hiroshi con viéndole, serio y melancólico.
«Si, como no tienes idea», pensó Tatsuya, mas no expresó su sentir abiertamente
—Tengo lo que merezco después de cómo te traté… —, lo sabía, no necesitaba palabras para saber que su hermano no le perdonaría lo que hizo.
«Si, el destino cobra todo lo malo». Destino, esa palabra que tanto ha marcado a Tatsuya, ahora se le cobraba a Hiroshi.
—Tanto me burlaba de tus desgracias y de lo que papá te hacia… —susurró Hiroshi, su voz se iba haciendo baja pero nítida a los oídos de su hermano.
«Ahora te ha pasado lo mismo, has sentido lo que yo sufrí», eso era un aliciente para él, Hiroshi estaba pagando lo que tanto sufrió y lo que tanto fue una cosa de burla hacia su persona.
—Entiendo que no perdones…
«Con mucha razón, me alegra, no siento remordimiento alguno por verte así, ni lástima». Coraje, por recordar todo lo sufrido día a día y no poder cambiar nada. Alegría porque los involucrados empezaban a pagar por eso. Pena, porque se estaba repitiendo lo mismo, pero no remordimiento ni sufrimiento por los sucesos actuales.
—Solo tienes que saber algo —, necesitaba decirle a Tatsuya, expresarle aquellos sentimientos que carcomían su corazón.
—¿Qué quieres? —cortante fue su manera de hablar, no tenía la intención de ser blando con Hiroshi, no por ahora, no cuando al verle de frente su mente le indicaba que actuara de esa forma, aunque por dentro algo le dijera que estaba equivocado.
—Ahora entiendo porque ansiabas huir, ahora entiendo que todo lo que hice fue ser caprichoso y un niño consentido —, que ironía con Hiroshi, hasta ahora se daba cuenta de la realidad, ahora se daba cuenta que lo más importante eran los sentimientos y no el dinero.
«Si, lo único que les importaba era demostrarse amor a través de cosas materiales. Aquí está todo lo que queda de esa mentira», pensó Tatsuya con fiereza. Apretaba las manos con fuerza, enterrando sus uñas en las palmas, sangrando con ligereza.
—Pero desde que te fuiste, esa vez… pensé que de verdad perdía a mi hermano, aquel que nunca supe valorar. Y empecé a odiarle, me arrepentí de todo, me volví rebelde a ojos de ese señor, hasta hace un par de días… —hasta que su padre le golpeó y le dejó tirado, con aquellas palabras tan crueles: «Vete con ese traidor si tanto andas lloriqueando Hiroshi, desde hoy, mi hijo está muerto». Que cruel, el destino era muy cruel.
—¿Qué quieres decir? —Tatsuya se extrañó de sus palabras, pero más de aquel silencio de su parte que no evitó que preguntara con curiosidad.
—Siempre te he seguido la pista. Para la familia eres alguien que nunca existió, para todos menos para mí. Desde ese día, siempre he estado al pendiente que estés bien, como deuda a mis acciones —Hiroshi estaba arrepentido, se le notaba, sus ojos reflejaban el sufrimiento que estaba viviendo desde aquel día.
—No tenias porque hacerlo, creo haberte dicho que me dejaran tranquilo —, Tatsuya estaba harto de que le vigilaran, ese derecho no se lo había dado a nadie y no lo harían.
—Sí, pero no podía quedarme con los brazos cruzados…
—Estás arrepentido —, interrumpió Tatsuya, escueto y cortante.
—Sí, no sabes que tan fuerte me dolió darme cuenta de la verdad. Empecé, sin saberlo, a tener problemas en casa… Tatsuya, no puedo regresar… —dijo con voz baja, así como su mirada, viendo las blancas sábanas de la cama de hospital. Sin embargo, de nuevo fue interrumpido por Tatsuya, solo que esta vez, sus palabras dolieron más que la golpiza de su padre.
—Pero no eres bienvenido a la mía. Tendrás un cuarto de hotel, te ayudaré en lo que necesites, pero no me pidas más. Aún no puedo perdonarte, no creo poder hacerlo —, se sinceró Tatsuya. Grosero, porque no sabía cómo ser prudente. Con frialdad, porque no se lo permitían sus sentimientos. Cortante, porque mientras tuviera esos sentimientos de odio  sufrimiento, no perdonaría a los responsables.
—Lo entiendo, gracias —. A Hiroshi le dolió, se lo esperaba aunque también se ilusionaba con que Tatsuya le perdonara. No fue así, la realidad es más cruel de lo que pensaba. Ahora él mismo culpaba a su padre, pero no podía culparle a él, Tatsuya solo regresaba todo lo que sufrió y esa, era la verdad.
—Creo que es hora de irme, —Tatsuya se volvió con rumbo a la puerta, sin esperar que el herido hablara.
—¿Mañana vendrás? —preguntó esperanzado. Hiroshi no se enojaría si se negaba, aunque si fuera el caso, tendría que hablar con alguien, un amigo quizás.
—Sí, no soy tan mala persona como para dejarte en ese estado, —fueron las últimas palabras de Tatsuya, con el picaporte en la mano. Fue así como salió de ese lugar, con todos los sentimientos guardados en el corazón.
3
Yukio, quien se encontraba perdido en sus pensamientos, se dio cuenta del regreso de Tatsuya quien traía las manos en las bolsas de su pantalón, por lo cual, no se dio cuenta de las pequeñas heridas que se había hecho.
Tatsuya se acercó con la cabeza agachada, sin pretender hablar, no obstante, un ligero murmullo se escuchó en el lugar, —siento como me comporté —, mencionó recapacitando sus acciones contra el rubio.
Yukio sonrió comprensivo. Después de mucho meditar sobre el tema, llegó a la conclusión que debía esperar un poco más de tiempo para que Tatsuya confiara plenamente en él.
—No te preocupes, esperaré el momento para cuando estés dispuesto a hablar —, dijo Yukio con calma y tranquilidad. Hecho una mirada a su reloj, le rodeó los hombros y le encaminó a la salida, —creo que será mejor irnos por hoy, mañana será otro día.
Tatsuya solo asintió, metido completamente en su mundo, distraído por todo lo que le habían hecho recordar. Volviendo a caer en esa soledad que tanto le desagradaba y odiaba.
Caminaron hasta la estación del metro por las desoladas y oscuras calles, en silencio, dejando Yukio que el chico a su lado pensara, porque eso estaba haciendo Tatsuya, pensar en su vida. Al llegar a y después de comprar los boletos, se encaminaron hacia las escaleras pero en ese instante, Tatsuya se detuvo.
—Yukio, creo que de aquí me voy solo, no quiero incomodar… —se interrumpió volteando el rostro al sentido contrario del chico frente a él.
—No puedo dejar que vayas solo, vámonos —, le mencionó Yukio. Preocupado se encontraba pero mientras Tatsuya no le permitiera avanzar más, le era imposible intervenir en el asunto y ayudarle.
—… Quiero estar solo. Deja que me vaya solo, —mencionó Tatsuya con fuerza deteniendo al rubio que había reanudado el camino, —lo siento, yo solo quiero pensar estando solo —reiteró con distracción.
—Está bien, te dejaré solo, pero recuerda que si necesitas algo, siempre contarás conmigo —Tatsuya asintió a las palabras de Yukio quien no le quedó otra opción que tomar el rumbo contrario al castaño.
«Gracias», pensó Tatsuya a la comprensión del rubio. Agradecía también sus intenciones pero seguía entercado en que no necesitaba el apoyo de nadie y muy difícil iba a ser Yukio quien lo sacara de ese lumbral.
Se encaminó a su destino, directo a casa. A pensar, a desahogar todo lo que su corazón y su alma solitaria encerraba tan profundo. El dolor, el odio y el sufrimiento de tantos años, los sentimientos que había cargado desde que naciera y que le acompañaban hasta el momento.
4
Yukio llegó a casa con la preocupación instalada a pulso. Era obvio que Tatsuya no estaba bien, al igual que no pretendía recibir ayuda de nadie, mucho menos de él.
Sacó las llaves, una vez tuvo la puerta abierta, se dirigió a su cuarto tomando el papel que dejó en la mesa. Se encerró, se desvistió y se metió a la cama. No quería seguir pensando, quería olvidarse de toda esa preocupación y de todos esos sentimientos de rechazo que sintió ese mismo día por parte de Etsuya, Kiyoshi y el mismo Tatsuya.
Del pequeño mueble que se encontraba a su lado, dentro del cajón, Yukio extrajo un pequeño envase. Sacó 2 pastillas y sin ningún líquido que le ayudara, se tragó ambas de golpe. Dejó el envase en su lugar para luego recostarse mirando la pared. Los ojos cayeron después de 5 minutos, se quedó profundamente dormido.
5
Tatsuya llegó a casa con las manos pintadas de rojo, no había sangrado mucho pero el mantenerlas cerradas y dentro del pantalón, provocó que se embarraran de ella.
Una vez entró al departamento, se dirigió a su habitación. Volteó en todas las direcciones, buscando algo. Sentía ansiedad, necesitaba desquitarse con algo. Necesitaba un desahogo mental y físico.
Su mirada se clavó en el espejo de cuerpo entero, se acercó viendo su reflejo, lo miserable que se veía en ese momento. Las lagrimas, que por años se mantuvieron fuera de su vida y que ahora se empeñaron en salir para surcar sus mejillas. Un reflejo que mostraba la verdadera apariencia de Tatsuya Inao… más bien, Tatsuya Katsumoto, si, porque ese era su nombre ahora, su apellido.
Un alma frágil que se ocultaba entre las sombras, una vida que solo surgió para sufrir. Eso pasaba por su mente, eso es lo que veía a través de su reflejo. Un ser humano odiado y despreciado por los demás.
El temblor de su cuerpo hacía notoria su desesperación e impotencia, tanto que, en un arranque de furia, estrelló ambos puños en el espejo. La sangre no se hizo esperar debido a los grandes cortes de ellos, escurriendo por todo el objeto, gota tras gota, así como sus lágrimas que empapaban sus sonrojadas mejillas y que provocaba que cerrara sus ojos se cerraran por sus sentimientos encontrados y por lo borrosa que la traía.
Su respiración se hizo pesada, hipaba por el llanto, aún así, se dirigió a su cama para recostarse como si fuera un costal al dejarse caer de golpe. Quería dejar de pensar, quería dormir.
Así, sin limpiar sus manos, sin meterse debajo de la ropa de cama, sin quitarse la ropa. Solo cerró sus ojos y entre lágrimas insaciables, quedó dormido profundamente. Con su vida recorriendo su mente, con la impotencia de no haber podido solucionarla de una mejor manera.
6
La puerta de una habitación se abrió dejando ver a un recién levantado, bañado y cambiado Etsuya con una sonrisa, señal que había descansado bien. —Buenos días. ¿Yukio todavía no se levanta? —preguntó extrañado de no verle frente al televisor.
—Ya se fue —dijo un distraído Kiyoshi terminando de arreglarse frente al espejo que se encontraba a lado de la puerta de salida.
—¿Cómo? ¿Ese chico flojo ya se fue? —sorprendido, Etsuya vio asentir al rubio, suspiró, no se esperaba que Yukio se fuera tan temprano, normalmente le costaba trabajo levantarles a ambos, —vaya noticia. —Por cierto, me dijo que saliste anoche —, preguntó de manera casual mientras se dirigía a la cocina a prepararse un ligero desayuno.
—Sí, tenía algo importante que hacer —Kiyoshi evitó el tema para no volver a meterse en problemas con Etsuya puesto que siempre, cuando salía con alguien, se lo reprochara como si fuera su pareja. La verdad es que le fastidiaba por más que fuera su amigo y casi como un hermano.
—Ya veo —, susurró resignado, «parece que esa conquista le trae algo entretenido», pensó melancólico, no queriendo imaginar a quien sería su próximo ligue, —creo que debemos irnos —mencionó tomando un café rápidamente, se le había ido el hambre.
—Sí, hoy tengo que entregar un trabajo importante —Kiyoshi tomó su mochila, llaves y cartera para después abrir la puerta. Esos pasos fueron seguidos por Etsuya quien a diferencia del rubio, le tocó cerrarla. Al caminar por los pasillos con dirección al ascensor, el castaño se acordó de un pequeño detalle.
—Por cierto, parece que ya arreglé mis diferencias con Tatsuya. Es una buena persona —le mencionó como si fuera un tema casual. Aunque para Kiyoshi fue más alegría que la forma en que salieron esas palabras.
—Me alegra escuchar eso —, exclamó Kiyoshi sonriente, —¿Sabes algo? —Formuló haciendo voltear a Etsuya al momento en que entraban al ascensor, —no tienes porque juzgar a las personas a primera vista, creo que tienes que darte el tiempo necesario para conocerlas —, le sugirió puesto que siempre se portaba igual con todo aquel que se acercaba con intención de hacer amistad con cualquiera de ellos.
—Sí, lo sé, pero sigo pensando algo de él. No me malinterpretes, es una sensación como de tristeza en sus acciones, una soledad extraña. No sé, a lo mejor es mi imaginación —, Etsuya sacudió la cabeza hacia los lados. Ese era su sentir, normalmente se caracterizaba por catalogar a las personas a primera vista con las acciones que estas realizaban, y curiosamente, el 90% de las ocasiones no se equivocaba en ese juicio.
Kiyoshi lo pensó un poco, ayer cuando cenó con Tatsuya, había tenido la misma impresión que Etsuya. El chico se notaba encerrado en una burbuja de cristal en donde solo existía él y nadie más. Si querían conseguir hacerse su amigo, y algo más en su situación, tenían que derribar ese muro, costase lo que costase.
—Puede ser, es algo raro ese chico, pero interesante —susurró Kiyoshi al salir del ascensor. Etsuya sonrió dándole la razón. Ambos estaban dispuestos a hacerlo, conseguir que Tatsuya confiara en ellos y unir lazos de amistad.
7
Yukio se había levantado temprano para acompañar a Tatsuya en el hospital, lo que le sorprendió, fue precisamente su ausencia, se supone que debería haber llegado desde temprano, sin embargo no se encontraba por los pasillos, ni sala de espera, nada. Pensó tal vez encontrarle en el cuarto de su hermano Hiroshi.
Dirigió sus pasos hacia el lugar, una vez enfrente, tocó con suavidad, solo por precaución por si seguía dormido, no obstante, la voz del interior dio autorización de entrada.
—Con permiso —susurró al entrar. Le vio, el joven idéntico a Tatsuya, su nombre Hiroshi Inao. Sonrió ligeramente recibiendo una idéntica como saludo.
—Eres el que acompañaba ayer a Tatsuya, gusto en conocerte, Hiroshi Inao, —se presentó el chico, aún con las muestras de la golpiza recibida.
—Disculpa entrar así, pero de casualidad… ¿no ha venido Tatsuya? —preguntó con ligero temor, serio y tranquilo, aunque esto último era solo apariencia.
Hiroshi frunció el seño, extrañado hasta cierto punto. —Me dijo que vendría pero no sabía que tan temprano. No ha venido si querías saber, —le hizo saber con la seriedad que siempre caracterizó a este chico. Torció los labios al recordar la noche anterior, la plática con su hermano, —La verdad no creo que venga.
—¿Por qué lo dices?
—Asunto privado, que te lo diga él —, mencionó cortante, que el rubio conociera a Tatsuya no quería decir que él tuviera que tenerle confianza de un día para otro.
Yukio sonrió, lo esperaba, ese chico no iba a decirle nada puesto que era la primera vez que se veían y claro que le entendía, —Gracias de cualquier forma. Creo que es hora de retirarme, con permiso, tengo que ir a clases —, y se marchó, siendo seguido por la pesada mirada de Hiroshi quien desconfió de él, olvidando que era la primera vez que le conocía, sino porque algo le inquietó de repente.
8
El celular empezó a vibrar, no quería levantarse, su cuerpo lo sentía pesado y el cansancio aún le quedaba en su cuerpo. El teléfono no se callaba, rodó en la cama hacia el otro lado y se tapó con una almohada la cabeza. Ahora la música, soltó un grito lleno de fastidio y furia.
—Con un carajo, déjenme dormir, —mencionó Tatsuya en la cama, no quería levantarse pero estaba tan fastidiado que terminó por apoyar las manos en el colchón, el dolor en ellas se hizo presente con una fuerza tan profunda que le hizo volver a gritar pero ahora con el rostro desfigurado, cerrando su ojo izquierdo y el derecho entreabierto.
Alzó ambos brazos y expandió las manos. El teléfono seguía sonando pero eso pasó a un segundo término. Su mirada sorprendida y su boca abierta por el mismo sentimiento. De inmediato se incorporó, esta vez sin apoyar las manos, solo con el impulso de su cuerpo.
Volteó por todo el cuarto, el piso, la pared, el espejo quebrado. Entonces recordó la noche anterior, Hiroshi golpeado y llevado al hospital, el pequeño problema con Yukio, en enfrentamiento con su gemelo, su llegada a casa y el circo que hizo, todo hasta quedar dormido.
Sentado en su cama, con el ruido que no cesaba, con su vista fija en sus manos y su mente ahora en blanco. Suspiró de manera reiterada, tranquilizando su alma, su corazón y sus pensamientos. Primero tenía que contestar ese teléfono y después vendar sus manos.
Buscó el objeto por el desordenado cuarto localizándolo sobre el escritorio. Se levantó tomando el celular como le dio a entender después de las semejantes cortadas en sus manos.
—¿Moshi Moshi? —contestó molesto y el entrecejo fruncido por el dolor.
Tatsuya, habla Yukio. Te estuve esperando en el hospital… ¿estás bien? —preguntó por el otro lado el rubio notablemente preocupado.
—Sí, perfectamente. Disculpa pero no podré ir en la mañana, ni siquiera al colegio. —dijo con enojo, no solo porque le despertara tan temprano, sino porque también tenía que recoger ese desastre con las manos heridas.
—¿Puedo saber qué… te puedo ayudar? —susurró Yukio, algo había pasado, lo presentía pero temía preguntar, por esa razón cambió sus palabras al final.
—No te preocupes, cosas personales, nada de cuidado —sí, claro, como curarse y limpiar. No quería interrupciones de su parte después del sermón de la noche anterior.
Está bien, nos vemos mañana entonces, —mencionó Yukio decepcionado, molesto. Era increíble como una persona cambiaba de opinión de un momento a otro. Y colgó, ya no tenía nada que hacer en el hospital, mejor era ir al colegio.
—Lo siento, pero esto lo arreglo solo —, susurró con determinación pero el teléfono volvió a sonar, suspiró resignado y volvió a contestar. —¿Moshi Moshi? —habló ahora con fastidio.
Tatsuya, ¿cómo estás? Soy Kiyoshi, solo quería saber si vendrías al colegio, sino, para decirle a Etsuya que te pase los apuntes —preguntó Kiyoshi sin esperar ninguna respuesta, pero con la misma naturalidad de siempre. Seguramente se dio cuenta de su ausencia cuando llegaron a clase y no le vieron.
—No podré asistir, pero te agradezco si me haces ese favor —, agradeció Tatsuya, en eso si podía ser de ayuda. En ese momento le alegró que hablara Kiyoshi.
Claro, sabes que puedes confiar en mí.
—Si, por supuesto, sobre todo en ti Kiyoshi —contestó con la ironía característica que le ofrecía al chico.
Vamos, no seas irónico, lo digo en serio
Entonces lo pensó, Kiyoshi no sabía nada de su pasado, no conocía a su hermano, como ya lo había hecho Yukio. Sonrió, por primera vez se alegraba de que Kiyoshi le hablara.
Está bien… ¿quieres ayudar? —cuestionó con seguridad en sus palabras.
Sí, claro —mencionó Kiyoshi contento.
—Entonces apunta mi dirección o apréndetela, como quieras, pero ven ahora mismo —ordenó de repente el castaño. Kiyoshi anotó la dirección en la palma de su mano con una pluma sacada rápidamente.
—¿Te pasó algo?
—Pequeño accidente… —empezaba a decir pero Kiyoshi le interrumpió sin siquiera esperar a que terminara.
Ok, voy en seguida, hasta luego —, y colgó. Tatsuya se quedó observando el teléfono unos segundos más con sorpresa a tal manera de cortarle pero al final se alegró un poco después del escándalo que se armó solo en la noche.
—Al menos servirá para algo bueno —, dejó el objeto en el mueble para dirigirse a la sala y esperar al rubio que tanto le desesperaba pero que era atento con él.
9
Caminaba solo porque tenía que hacerlo, porque tenía la obligación de ir al menos a medio día de clases pero nada más. Molesto y con toda la razón después de semejante desplante de Tatsuya.
—¡Yukio! ¿Dónde te metiste? Pensé que habías venido directamente a la escuela —, le peleó Etsuya una vez le vio en la cafetería puesto que no iban en el mismo grupo.
—No empieces Etsuya, me duele la cabeza, —reprochó una vez se sentó frente al castaño. Dejó la mochila en el suelo y con un grito pidió al mesero una soda fría.
—No me dirás que estuviste de fiesta, — sonrió Etsuya con diversión recargando su mentón en la palma de sus manos.
—Claro que no, surgió algo, solo eso, —contestó con el mismo animo. Yukio sabía que Etsuya era el menos culpable de todo lo que traía encima pero en esos momentos estaba en el límite de su paciencia.
—¿Estás bien? Te veo muy desanimado, —decidió Etsuya preguntar pues tenía bastante tiempo que no le veía así de molesto. A punto de estallar y tirar todo lo que tuviera enfrente.
Yukio le observó, en la mirada de su amigo se notaba la preocupación y eso era lo que menos quería en esos momentos, tenerle en ese estado por su culpa y suspiró, —no pasa nada… no te preocupes.
—Si quieres que te escuche, sabes que cuentas conmigo, ¿no? —, Etsuya entendió que debió ser importante para que al rubio se le acabara la paciencia de esa manera, tanto que él mismo estuvo a punto de pagar las consecuencias.
Yukio suspiró y agradeció el fin del tema, —gracias… por cierto, ¿dónde anda Kiyoshi? —cambió la conversación al instante, solo para evitarse más problemas.
—Entregó su trabajo y se fue, que le surgió algo importante —respondió Etsuya tomando su bebida que había sido traída antes de que Yukio llegara, pensando en lo que pudiera sacar del colegio a su amigo.
—Si, como no, seguro un ligue —, dijo el rubio multicolor con cansancio y ligera sensación de obviedad, lo único que sacaba del colegio a Kiyoshi era 2 cosas, enfermedad o un ligue.
—Seguramente —suspiró resignado Etsuya. Para que mentir a sí mismo ante la verdad, Kiyoshi era un idiota y amante del cuerpo ajeno.
10
Kiyoshi se detuvo frente a un edificio de departamentos de 10 pisos. Maravillado se encontraba ante tal situación. Tatsuya en verdad vivía entre comodidades, o eso lo pensaba él. —Seguro que este es el lugar… ¡Guau! Qué lujo —, finalmente expresó y sonriente como llegó, se adentró al edificio.
Se acercó a la recepción donde un anciano atendía el lugar, —buenos días, vengo a ver a Katsumoto Tatsuya —, se anunció ante el mayor quien atento, asintió y se comunicó por conmutador al departamento señalado. El señor asintió a través de la bocina, con voz y movimiento de cabeza, dando permiso a Kiyoshi de pasar al interior del edificio.
El rubio avanzó al ascensor para dirigirse al 5 piso. Al llegar, se encontró con 4 puertas con sus respectivas numeraciones. En su edificio había 6 departamentos por piso, es decir, eran pequeños a comparación de lo que, en apariencia, mostraba ese edificio.
Golpeó la puerta en tres ocasiones y con la vista en el piso junto con ambas manos dentro de los bolsillos de su pantalón, se dispuso a esperar a que le abrieran. Una vez percibió el sonido de la puerta, se enderezó sonriente, —buenos… —, pero su saludo fue interrumpido cuando observó las heridas del castaño, —¿pero qué te pasó? —dijo sorprendido y preocupado a la vez que tomaba sus manos.
Tatsuya alzó una ceja con extrañeza, para él, no era tanto unas cuantas heridas en las manos, no obstante, debió haber previsto que se asustaría de verle así, —un pequeño accidente, anoche tropecé y para no caer al piso, estrellé los puños en la pared, estaba el espejo y salió peor.
Se hizo a un lado para que Kiyoshi pasara, pero en el proceso de su entrada, el rubio le llevó consigo al interior. —¿Tienes vendas? —preguntó una vez en la sala.
—En el baño esta el botiquín —informó Tatsuya sin hacer la menor intención de soltarse.
—Espérame sentado… —Kiyoshi señaló uno de los sillones de cuero negro y emprendió camino al baño, sin embargo, —… ¿Dónde está el baño? —preguntó dando vuelta de nuevo con una sonrisa de ignorante que sacó una sonrisa en el castaño.
—Segunda puerta a la derecha —, le indicó Tatsuya con sonrisa burlona mientras que por su mente pasaba, «estúpido, pero mejor tú que Yukio en estos momentos», si después del problema de anoche, prefería a Kiyoshi.
«Yukio me hubiera armado un escándalo con esto… que fastidio» pensó nuevamente Tatsuya.
Yukio regresó tan rápido como se fue para empezar a sacar lo necesario. El bote del Alcohol, pedazos de algodón y las vendas. Comenzó por vaciar contenido del alcohol en un algodón y se dispuso a aplicarlo en las heridas con mucho cuidado y temor a hacerle más daño.
La expresión de Tatsuya se desfiguraba con el ardor del líquido aunque nada comparable con las lesiones ocasionadas por su padre cuando aún vivía con él. Kiyoshi, al terminar de curarle, se dispuso a tomar las vendas y comenzar a ponérselas sobre las manos.
—Debes tener más cuidado, me asustó verte así, — le hizo saber Kiyoshi al terminar de vendarle, le observó por un tiempo en silencio, en cuclillas directamente a los ojos, «Normalmente soy un pillo por andar con tantos, pero creo que en esta ocasión, si me estoy enamorando, que ironía», y le abrazó por la cintura recargando en el proceso, su cabeza en el regazo de Tatsuya.
El castaño por su parte, se mostró sorprendido al verle recostarse sobre su cuerpo y por el escalofrío que cruzó toda su columna. Una acción que no se esperaba y que le impidió hablar durante un tiempo, así que le dejó, no sabía si era porque no podía o porque simplemente no quería hacerlo.
—Eres hermoso, ¿lo sabías? —, le susurró Kiyoshi desde su posición, moviendo sus brazos sobre la fina cadera del castaño, tierno, cariñoso, algo que casi no caracterizaba al rubio.
—Creo que es mejor apurarnos —susurró entrecortado Tatsuya con la intención de pararse, no obstante, el otro no le dejó hacer movimiento alguno.
—Espera, tenemos tiempo, déjame permanecer así un rato más —, Kiyoshi no quería que esto terminara con un reproche de Tatsuya, pero en ocasiones era demasiado imprudente, esa por supuesto, era una de ellas, «Después te vuelves agresivo, no me dejarías hacerlo», pensó con carisma y una sonrisa más tierna que se pintaba en sus labios.
Kiyoshi no supo qué hacer, por lo mismo, no movió un dedo después de sus palabras, al contrario, terminó por reclinarse sobre el respaldo del sillón. Pensativo, relajando su cuerpo, su mente, su alma.
«Me pone nervioso. Suspira profundo, inhala y exhala. ¿Qué le pasó a este sujeto para que se comporte así? Apenas le conozco y se toma esas libertades, debería quitarle… pero no puedo…», no podía, algo le impedía hacerlo. Sin esperarlo, cerró su castaña mirada y se quedó profundamente dormido.
Kiyoshi, después de largos minutos, se percató del sueño de Tatsuya. Levantó la cabeza mirando su rostro, pasivo como la de un niño que duerme en los brazos de su madre. Así se sentía el castaño entre sueños, entre los brazos de un ser querido que le protegía siempre, como lo hizo su nana.
El rubio suspiró, acarició con cuidado la blanca y suave mejilla al tiempo que sonreía con ternura, —no sé que habrá pasado contigo en el pasado. Tampoco me importa que tenga poco tiempo de conocerte, pero quiero que sepas, que siempre te protegeré, —susurró recargando su frente en el delgado pecho del castaño. Suspiró mientras se levantaba y se dirigió al lugar del desastre.
No fue difícil dar con el cuarto de Tatsuya puesto que el desastre era evidente en el pasillo. Abrió con cuidado, tratando de no esparcir más los pedazos de espejo en el piso, —qué desastre, —susurró cuando se dispuso a buscar una escoba para recoger los vidrios.
Estuvo bastantes minutos arreglando el desastre ocasionado por el castaño hasta que el sonido de un celular le desorientó. Buscó por todos lados hasta que se detuvo en la mesita de noche. Tomó el objeto y lo llevó a la sala al tiempo que contestaba.
—Tatsuya no está disponible pero puedes dejar tu recado —, dijo Kiyoshi como si fuera contestadora. No obstante, la respuesta del otro lado no fue nada agradable.
¿Eres payaso o qué? Será mejor que me pases a Tatsuya o llamo a la policía por robo o lo que sea.
El rubio se extrañó bastante con aquellas palabras, ¿payaso él? Sacudió la cabeza y decidió que era mejor comunicarle con el durmiente por lo que se acercó y le empezó a mover con cuidado. —Vamos Tatsuya, abre los ojos —, le dijo con tranquilidad y suavidad, con su eterna sonrisa.
Tatsuya se movió no queriendo despertar pero las tiernas palabras que le llegaban a los oídos y el suave movimiento de su cuerpo provocaron que arrugara sus ojos, hasta que finalmente despertó. —¿Qué pasó?
—Te llaman por teléfono dormilón, del hospital —sonrió con un poco de gracia, Kiyoshi agradecía al destino que le regalara esa imagen del castaño.
Tatsuya tomó el teléfono con fastidio renovado y cortante contestó, —Moshi Moshi…
—Soy Hiroshi, ¿por qué no contestas?
—Qué te importa si lo hago yo o un amigo. Mejor habla de una vez —, contestó con fastidio, como si Hiroshi tuviera el derecho de decirle esas palabras, además del tono de molestia que le escuchó.
—Tu amigo, ese Yukio estaba preocupado por ti, vino aquí y no te encontró —mencionó Hiroshi pasando por alto las palabras de su gemelo, igualmente fastidiado.
—Ok, gracias. Cuelgo… —le avisó con ironía y poco interés, sabía que Hiroshi buscaba algo más pero en ese momento su fastidiada mente volvió a hacerse presente.
—Espera… ¿vas a venir hoy?
—Ya te había dicho anoche —, y colgó, sin esperar nada más, Tatsuya botó el celular sin prestar atención hacia donde lo aventaba. Kiyoshi que solo escuchó al castaño, terminó suspirando pensando que eso lo había vivido desde hace mucho tiempo. Problemas familiares, ese era el problema.
—¿Te encuentras bien? No le tienes mucho aprecio, se nota —, le dijo sonando casual, tratando de no sonar tan interesado.
Tatsuya le volteó a ver analítico pero igual le contestó con molestia, —¿y qué. Vas a sermonearme? —, no le importaba ser grosero puesto que era un arma de defensa contra los metiches.
—No. Porque hago lo mismo con mi padrastro —, se sinceró Kiyoshi recibiendo la mirada realmente sorprendida de Tatsuya, era algo que no se esperaba, mas el rubio no prestó atención a este asunto, no le molestaba expresar lo vivido pero a veces era mejor aguardar al momento indicado para hacerlo.
Tatsuya se sorprendió, ahora entendía porque no le sorprendió ese rencor que se escuchó en su voz durante la llamada, o porque había sido cortante con Hiroshi, ni siquiera cuando la noche anterior había sido rudo con sus primeros comentarios. Había pasado por un problema similar, pero al final, un asunto familiar les tenía unidos en la misma situación.
Se levantó del sillón, era momento de cambiar de tema y por demás lo sabía. Kiyoshi le observó de reojo al notar su movimiento pero no hizo intención de seguirle.
—Será mejor que me ayudes con mi cuarto —, menciono para distraer las emociones que empezaban a golpearles a ambos. Pero Kiyoshi sonrió de nueva cuenta.
—Ya lo hice, te quedaste dormido así que aproveché, espero que no te moleste —, el rubio se mordió el labio con inocencia y esto le sacó una limpia carcajada a Tatsuya, la primera risa limpia y sin malas intenciones que Kiyoshi escuchaba.
—Gracias… entonces, ¿Quieres tomar algo? —mencionó con los restos del buen humor que le había brindado, no cabía duda, Kiyoshi era único, un hombre que el destino le había puesto en el camino para aliviar todo el dolor que traía encima, en su alma solitaria.
Ambos sonrieron y se dedicaron a tomar una lata de cerveza cada uno, pasando una tarde realmente agradable entre los dos, con temas casuales, películas y videos musicales, una mañana realmente mágica para ambos. Sin acordarse de nada, de escuela, amigos, problemas, absolutamente nada que perturbara ese momento.
Tatsuya entre el buen momento, se decidió a pedir una disculpa, algo realmente extraño en él pues no caracterizaba a su personalidad tener que pedirla después de una acción que para él había sido la correcta. Tomó su celular, abrió la opción de mensajes y se dedicó a escribir, cuando terminó, buscó en sus contactos y mandó el mensaje. Listo, ahora solo faltaba esperar.
11
Yukio seguía sin poder creerse que le trataran tan a la ligera. Que si le ayudaba, que ahora no quería, un completo argumento de contradicciones que le ponía en la cabeza Tatsuya. Suspiró con fuerza hasta que su celular se hizo presente con la canción de rock que más le gustaba. Había llegado un mensaje.
Lo extrajo de su negra sudadera y se dispuso a leer, —perdón por la manera en que contesté, no fue mi intención, lo siento de verdad. No puedo ir al hospital hoy pero mañana lo haré, gracias por todo Yuki, un abrazo. —su ceja alzada con extrañeza no pudo ser más obvia, un mensaje de disculpas, después de lo agrio y frio que había sido Tatsuya y le venía con una disculpa por celular.
Está bien, la aceptaría solo para olvidar el asunto, al menos por ese momento, porque no estaba dispuesto a dejar hasta aquí el tema. «¿Por qué eres tan reservado? No dejas que nadie se acerque. Como quisiera que me dieras la oportunidad», pensó suspirando, mandando el mensaje de regreso, su contestación. Pero era obvio, esto no quedaría hasta ahí, Tatsuya tendría que explicar muchas cosas en la próxima ocasión que le encontrara solo.

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